Historia:


1- INTRODUCCION

Es indispensable fijar como condición irreductible que la moral política es la base de todos los progresos y de todas sus formas eficientes

Hipólito Yrigoyen

La República Argentina, como entidad histórica independiente, no ha cumplido aun los dos siglos de vida. A pesar de esto, desde la declaración de la independencia hasta la actualidad, nuestro país ha hecho correr ríos de tinta a historiadores, economistas, sociólogos, politólogos etc.

Intentar recorrer el camino de la historia argentina del ultimo siglo resultaría una empresa estéril, sin visualizar el papel central, que en ésta, ha jugado la Unión Cívica Radical (UCR) desde el momento mismo de su fundación.

La UCR resulta un caso atípico en el mapa de los partidos políticos (sobre todo en América Latina) dada su persistencia, a lo largo de más de 100 años en la escena política, pero también porque solo se le pueden contar 27 años en el gobierno, ya que el resto lo vieron en la oposición o directamente excluido del sistema político.

“El radicalismo ofrece, por consiguiente, una característica de obstinada permanencia en el escenario político argentino, y la misma debe atribuirse a que ha llenado y sigue llenando una necesidad ideológica y social que le ha permitido sobrellevar divisiones, fracasos y derrotas, para reaparecer cíclicamente como una opción valedera para la sociedad argentina”

Tarea difícil parece, a simple vista, lograr una definición sobre el radicalismo que abarque la mayor parte de los aspectos que le son característicos, sin embargo apelando al prestigioso Diccionario de Política de Norberto Bobbio encontramos por “Radicalismo” que “Aún cuando el termino Radicalismo ha sido usado en América Latina en las diversas acepciones antes indicadas, desde fines del siglo XIX fue adquiriendo una connotación más precisa y referida casi con exclusividad a aquellas formaciones políticas de centro-izquierda que tenían su base social y su clientela electoral entre las clases medias urbanas -y en parte rurales-, la intelectualidad burguesa “progresista” y las burocracias estatales en expansión. (…) Su crecimiento y organicidad política evidenció el proceso de descomposición del bloque oligárquico que orientó la construcción de las formaciones estatales emergentes de la ruptura del orden colonial y el desplazamiento de las corrientes más democráticas y liberales de la sociedad hacia la formación de un nuevo bloque social y político basado en la incorporación de las masas populares a la vida política nacional. (…) fuertemente deudor de las experiencias de las revoluciones mexicana y rusa y del movimiento de la reforma universitaria, fue el partido radical argentino la expresión más significativa y original de ese tipo de corriente.”

A continuación desarrollaremos una síntesis sobre la historia del partido radical desde su fundación hasta la fecha. Como toda síntesis, abarca y excluye arbitrariamente, hechos, sucesos y personajes, en el afán de no extenderse más allá de un espacio determinado. En ese sentido hemos decidido privilegiar la historia de los orígenes y de los primeros pasos del radicalismo hasta promediar la década del 30.

Para todos aquellos que deseen profundizar en el tema, al final se citará la bibliografía utilizada y también aquella que, resultando de alto interés, pero excediendo los marcos de este trabajo, puede ser recomendada a tal fin.

Por otra parte, para construir este reconto histórico, apelaremos a quiénes desde diversas perspectivas ya han investigado sobre la historia del radicalismo, siendo este trabajo más una recopilación que la elaboración de un nuevo estudio.

En los últimos años nuevas investigaciones están abriendo nuevas perspectivas, la historia social y los análisis culturales ofrecen una dirección que poco a poco se imponen por sobre la historia económica o política (en el sentido tradicional del término, es decir privilegiando la cuestión factica). Estas tendencias se observan fundamentalmente en las carreras humanísticas de las universidades nacionales. Los órganos de difusión de dichas instituciones son un buen acervo donde dirigirse para actualizar los conocimientos sobre aspectos amplios de la historia de la UCR.

En la actualidad la UCR es uno de los pocos partidos preocupados por recopilar, cuidar e investigar los elementos que conformaron su pasado. A tal fin funciona el Archivo de Documentación Histórica. Quiénes deseen consultarlo pueden dirigirse a Moreno 2480 entre las 14 y las 20 hs. o telefónicamente al 4943-7969.

2- LOS ORIGENES DEL RADICALISMO

“El Dr. Don Leandro Alem, que ha sido el iniciador, no le ha faltado valor en la esfera del deber; la Unión Cívica también, que era quien le acompañaba en cuyo esfuerzo confiaba, como en todos los porteños que han sabido con empeño, defender su patria hollada”

Félix Hidalgo, payador de la Revolución del 90′

La Unión Cívica
Si bien la UCR como partido nace en 1891, debemos retroceder un poco para bucear en sus inicios (en los cuales no nos detendremos demasiado). En el año 1889, en el mes de septiembre, nace un heterogéneo grupo opositor bautizado “Unión Cívica”. Dentro de esta encontrábamos sectores católicos y laicos, clases altas desplazadas de la alianza gobernante y sectores medios, universitarios etc. Su principal campo de acción se encontraba en la provincia de Buenos Aires.
¿Que ocurría mientras tanto en el país? “En 1880 se había declarado a Buenos Aires capital de la Nación, habíase concluido con el problema del indio, se empezaba a poblar la Patagonia y las regiones boscosas del noreste. En los años siguientes se fueron liquidando problemas limítrofes pendientes con los vecinos, y el estado nacional adquirió su fisonomía definitiva.” A esta descripción podríamos agregar: el crecimiento de la red ferroviaria, la remodelación del puerto, el acento puesto en el tema de la educación, aunque a fines de la década ya comenzaban a notarse síntomas de la crisis relacionados con la desequilibrada situación del sector externo. Conviviendo con estos síntomas de progreso, modernización y posterior crisis, aparece un sistema político restringido, autoritario y

orientado a maximizar los beneficios de un grupo de familias cuyos negocios estaban relacionados con el rol de país exportador de materias primas, que en el mercado mundial, le toco jugar a la Argentina.
Los reclamos por la modificación de este sistema político, fueron canalizados en principio por la naciente Unión Cívica. Dos dirigentes sobresalieron notoriamente del resto, Bartolomé Mitre, con una dilatada trayectoria en la política argentina, y Leandro Alem, dotada de un carisma especial y cuyo ascendiente sobre los integrantes de la Unión Cívica lo catapulto rápidamente a la primera línea de la novel agrupación.
Obra de esta Unión Cívica fue la denominada “Revolución del Parque” o “Revolución del 90” levantamiento armado contra el gobierno de Juárez Celman y que si bien fue sofocado por las fuerzas leales al gobierno, tuvo amplias consecuencias políticas, entre ellas la renuncia anticipada del Presidente de la Nación y su reemplazo por el vicepresidente Carlos Pellegrini. Además las víctimas de los intensos enfrentamientos se contaron por centenares.
Un observador contemporáneo y testigo presencial afirmaba que “Mirando objetivamente hasta mayores lejanías, el 90 resultaba, por arriba de las tristes causas ocasionales, un episodio de la formación de una democracia, fruto espontáneo e incontenible de la sangre y de la tierra” Si bien no fue tan espontáneo ni tan incontenible, el levantamiento del 90 representó un momento crucial en la historia política argentina, más allá de la previsible derrota militar, gran parte de los sostenedores del régimen político tomaron conciencia que, de no introducir importantes cambios que signifiquen el ingreso al sistema político de los sectores populares, el futuro podía tornarse imprevisible.
El Pacto Roca-Mitre, la fractura de la Unión Cívica y el nacimiento de la UCR.
Como consecuencia de un acuerdo suscripto entre el sector de la Unión Cívica que respondían a Mitre y sectores oficialistas cercanos a Roca, se produce la fractura de la Unión Cívica y el nacimiento de la llamada UNION CIVICA RADICAL. El agregado de “Radical” es tomado de Leandro N. Alem, algunos afirman que ocurrió luego de la siguiente declaración: “Yo no acepto el acuerdo; soy radical contra el acuerdo; soy radical intransigente”, Alem era muy afecto a la palabra “radical”, Gabriel del Mazo, uno de los principales historiadores del radicalismo, afirma que la expresión surgió “por primera vez en una conversación en la casa de Alem de la calle Cuyo (…) Fue usada por el doctor Saldías, escritor, historiador, afectísimo amigo de Don Leandro. Con esa palabra calificó el doctor Saldías la actitud terminante, en vista del fondo del problema, que tomarían en lo interno significando que así debería ser llamada la actitud tajante que proyectaba. Alem se incorporó en su asiento y exclamó: “Ese debe ser nuestro distintivo”. Inmediatamente después comenzó a popularizarse su uso”
Efectivamente el día 2 de Julio de 1891 la mayoría del Comité Nacional de la Unión Cívica lanza un manifiesto, del que reproducimos un fragmento, anunciando la ruptura de la agrupación y el repudio al acuerdo Roca-Mitre.
“Conciudadanos: el desarrollo de acontecimientos graves y precipitados en los últimos días, coloca al Comité Nacional de la Unión Cívica en la necesidad de dirigir el presente manifiesto a sus correligionarios y a los pueblos de la república (…) Una minoría del Comité Nacional, formada por los partidarios del acuerdo con la agrupación dominante, acaba de romper la unidad de la Unión Cívica, y llamándose Comité Nacional de la misma ha resuelto reorganizarla. (…)

es el caso recordar el carácter esencial de la Unión Cívica, y los trabajos personalistas que desnaturalizando el programa de nuestra institución, han hecho dentro de la misma algunos amigos del General Mitre, hasta llegar a la escisión actual. La Unión Cívica fue desde el principio la coalición de los hombres de bien, vinculados para destruir el sistema de gobierno imperante que ha producido tan graves perturbaciones en la República. (…) La Unión Cívica no se había formado alrededor de ninguna personalidad determinada, ni se proponía como objetivo de su programa ni de sus ideales la exaltación de un hombre al mando; ella debía destruir el funesto sistema de la opresión oficial, buscando el restablecimiento de las instituciones, la honradez gubernativa, la libertad de sufragio y el respeto a las autonomías de los municipios y de las provincias. (subrayado nuestro)
Las personalidades eminentes de su seno debían inclinarse ante ese programa y prestarle acatamiento. (…) No lo entendieron así los que a toda costa querían proclamar la candidatura del general Mitre.”
Entonces, a partir de 1891 la Unión Cívica Radical, hace su aparición en la escena política argentina. Entre sus principales dirigentes se encontraban además de Alem y su sobrino Hipólito Yrigoyen, Marcelo T. de Alvear, Deodoro Roca, Lisandro de la Torre, Pelagio Luna, José Lencinas, Angel Gallardo, Tomas A. Le Bretón, José Luis Cantilo, Felipe Senillosa, Bernardo de Irigoyen, Aristóbulo del Valle y otros
La UCR, Alem e Yrigoyen
A pesar del fallido intento de 1890, la UCR no abandonó el camino de la sublevación armada, hasta 1905 se produjeron distintos levantamientos en diferentes provincias (Buenos Aires, Tucumán, San Luis, Santa Fe) los que finalizaron igualmente derrotados ya que el gobierno a pesar de los problemas mantenía intacta la capacidad represiva. Por ejemplo, antes de las elecciones de 1892, cuando las huestes radicales se preparaban para darle un dolor de cabeza al oficialismo, la cúpula del partido fue detenida poco antes del comicio y todas los reclamos sofocados, los radicales apenas participaron del proceso electoral.

En tanto Alem paso una larga temporada entre rejas lo cual sólo logró consolidar su prestigio y liderazgo.
Por otra parte, bajo la conducción de este último, el radicalismo más que un partido político se consideraba una especie de cruzada redentora, contra un régimen inmoral y contra el positivismo reinante, en oposición al gobierno enarbolaba un proyecto nacional que no permite conformarse con una política de conciliación, esto implicaba la férrea negativa a pactar con el régimen, y con sus aliados, lo que significa una actitud revolucionaria que se expresa a través de los alzamientos armados.
Este tipo de oposición, a todo o nada, finalizaba generalmente con la segunda opción, mientras el gobierno se mantuviera unido y su fuerza intacta, la política radical había alcanzado un techo difícil de superar, había ingresado en un callejón sin salida. Esta situación repercutió en el seno del radicalismo, provocando apasionados debates sobre las futuras estrategias y los pasos a seguir. Este debate enfrentó a los principales líderes del partido, Alem e Yrigoyen, este ultimo sostenía que la base del triunfo residía en abandonar la conducción errática e inorgánica que hasta ese momento llevaba el partido y hacer más sólida la estructura partidaria a través de una reorganización interna.

“Si bajo la hegemonía de Alem la lucha radical habíase centrado en el cuestionamiento total al régimen vigente, la jefatura de Yrigoyen había modificado sutilmente esa actitud total y difícilmente operable, para concretar al reclamo de leyes que infundieran verdad a los comicios e incitaran a los ciudadanos a participar de la vida cívica.” (Revista Todo es Historia No 289 pp14)
Esta diferencia entre ambos dirigentes no llegó a desarrollarse totalmente ya que Leandro Alem se quitó la vida en julio de 1986, con apenas 54 años. Una etapa se cerraba en la vida del naciente radicalismo.
PERFIL
LEANDRO N. ALEM
En palabras de Félix Luna “Hijo de un hombre de acción de Rosas fusilado después de Caseros, Alem infundió a su partido las tensiones de su atormentado espíritu. Para el pueblo común, Alem era la contrafigura de los próceres del régimen. Pobre, austero, principista, incapaz de acuerdos o flexibilidades; marcaba de modo tajante la acusación contra un sistema que si había promovido la prosperidad del país, carecía de articulaciones éticas por su idolatría al progreso y el sensualismo de su estilo.

Pellegrini dijo del radicalismo que, más que un partido era un temperamento. Algo de cierto había en esa apreciación. Pero a ese temperamento hay que sumar en la prédica de Alem su insistencia en hablar de los “desposeídos””)
Gabriel del Mazo relata lo siguiente, “Frente mismo a casa, calle Cuyo 1752 (después Sarmiento), vivía Alem y con él su hermana Tomasa y sus sobrinos Hipólito y Martín Yrigoyen. Era una de esas casas típicas del Buenos Aires del siglo XIX, que alcancé a conocer antes que la demolieran en este siglo. (…) Pude conocer por las referencias de mi padre, tíos y tías y primos mayores (que según las épocas, vivieron en el 1757 o en el 1755), los pormenores de la vida de Alem, sus modalidades, el movimiento de su casa y el acontecimiento de su muerte.
Barba negra hasta entrada la década de los 80, y muy blanca después. El cabello totalmente blanco desde el 90. Estatura no muy alta; cuerpo delgado. Saco largo como media levita y todo el traje negro, la camisa blanca almidonada, la corbata blanca, la galera de felpa, que desde el 90 sustituyó al chambergo, ligeramente requintada y ligeramente ladeada. Extraordinaria pulcritud. Rostro pálido. Mucho mate, hasta en la puerta de la calle. Ahí se paraba un rato al salir y al llegar, tocaba el aldabón para que la muchachita le trajera el amargo.
La cuadra se alborotaba cuando lo veía, y algunos de los que pasaban por su vereda conversaban con él. Los chicos eran su debilidad y nunca faltaba su ayuda de lápices y cuadernos, o algún dinero a la madre. Por la puerta pasaba el tranvía “de a caballo”. (…) Si Don Leandro estaba en la puerta, el conductor iba frenando, deseoso de que el Doctor Alem lo individualizara, y si la operación era ajustada sacaba su chambergo o gorrita saludando, y Alem contestaba con su galera. Todos los pasajeros lo saludaban. Otro mundo.
Como sucedió en los tiempos que vivía en Balvanera, (donde lucho por años y entre balas dirigió batallas de defensa del sufragio contra soldados del gobierno disfrazados y sin disfraz), Alem se aquerenciaba con el barrio, que se le volvía una especie de pequeña patria de amigos. Aún por motivos políticos generales, prefería reunirse dentro de él, como si fuera una capital. Así con los cafés y así con los actos cívicos, para los que, cuando se mudó a esta calle Cuyo de la Piedad, frecuentemente usaba la Casa Francesa, como le decían, salón que quedaba en la manzana de mi casa, Rodríguez Peña entre Cuyo y Corrientes (números pares), todavía existente; la Casa Suiza que está todavía en la misma Rodríguez Peña entre Cuyo (Sarmiento) y Cangallo; el salón de la calle Cangallo entre Rodríguez Peña y Callao, y el Teatro del Recreo, Libertad entre Cuyo y Cangallo.

Era el consejero de los vecinos, de las cosas grandes y de las chicas, de las personales y de las colectivas. Como abogado era un perpetuo defensor de pobres, de la gente sin un peso.(…)

Cuando murió, el desfile fue interminable, particularmente, durante las noches del 1 y 2 de julio de 1896. “El viejo” joven de canas y barbas blancas moría con solo 54 años. Las tropas formaron al pie de la vereda de mi casa, es decir, frente a la casa de Alem, y doblaban por Callao hacia la recoleta. (Alem era Senador Nacional por la Capital, en ejercicio). Al retirar el féretro de la casa, el día 3 desde la mía se vio la escena: Hipólito Yrigoyen y Roque Saenz Peña llevaban la cabecera. Un símbolo.”

3- EL RADICALISMO, LA REFORMA ELECTORAL Y EL FIN DEL REGIMEN.

“La llegada del radicalismo al poder fue una gran necesidad civil de decencia contra muchos años de explotación y de fraude.

Nadie pensaba en su medro personal. Era una cuestión de limpieza y honor. Era un movimiento de conciencia, de corazón, de alma. Era un estado de nobleza colectiva, de salud nacional.”

Eduardo Mallea

El nuevo siglo mostraba una cara próspera para la Argentina, cómoda en su papel de exportadora de materias primas, el punto máximo de esta euforia, de ese sentimiento de progreso sin fin, llegará junto al centenario de la revolución de mayo. En tanto, los presidentes seguían pasando, pero la participación popular a través del voto era inexistente, Joaquín V. González expresaba que “Este país, según mis convicciones después de un estudio prolijo de nuestra historia, no ha votado nunca” y si bien la violencia política en el día de elecciones había disminuido, el proceso electoral seguía tan turbio como siempre. Del Mazo relata que, “Poco después hubo una elección. No se si en ese 1908 o en 1910. Mi padre salió a votar. No había libreta identificatoria. Tenían nombre y apellido y señas, pero no fotografía. La libreta se obtenía el domingo anterior al acto comicial. Mi madre estaba intranquila y mi padre le dijo “No es nada. Estas no son las votaciones de antes. Ahora se compran votos para hacer fraude.” En efecto, salí a la calle y vi algo así como agentes de compra en las esquinas de la calle Rivadavia, con sus ayudantes, haciendo ofertas con los dedos de la mano: dos pesos; tres; un poco más tarde, cinco.”

Luego de la muerte de Alem, el partido vivió unos años de desconcierto, pero entrado el nuevo siglo el radicalismo conducido por Hipólito Yrigoyen comenzará a desarrollarse internamente, tomando el modelo norteamericano de convenciones y sumando a esto la apertura de innumerables Comités barriales, se irá estructurando como el primer partido moderno de la Argentina. El contacto constante con los vecinos, el surgimiento de una figura barrial prestigiosa a cargo del comité y diversos emprendimientos editoriales fueron consolidándolo.

En 1905 el radicalismo volvió a levantarse en armas, este nuevo intento se expandió sorpresivamente a varios lugares del país, pero el revés de la intentona en la Capital Federal determinó el fracaso del que sería el ultimo intento para derrotar al régimen por la vía de la fuerza.

Igualmente el radicalismo, será sospechoso eternamente de conspirar, y cualquier movida será vista así por el régimen.

A esta sensación predominante en el imaginario de los sectores oficialista, se sumó la firme política radical de no participar de las elecciones que no garanticen la debida transparencia, el importante crecimiento de la estructura partidaria y de forma no menor las modalidades de protesta que se encauzaban en formas alternativas, dada la inexistencia de un sistema político abierto y democrático.

(Además de los levantamientos radicales, la agitación anarquista en la primer década del siglo fue de tal magnitud que para combatirla se debió recurrir a las famosas leyes de Defensa Nacional y de Residencia.)

1912, Saenz Peña

La llegada de Saenz Peña a la presidencia, representó el triunfó de los sectores reformistas, conscientes de la necesidad de ampliar los limites de sistema electoral. De esta manera comienza el proceso de reformas que desembocara en 1912 con la llamada posteriormente “Ley Saenz Peña”, que entre otros aspectos garantiza el voto secreto, obligatorio y universal masculino. Por otra parte comienzan a confeccionarse los padrones con mayor limpieza.

Los sectores oficialistas confiaban que de esta manera incorporaban al sistema como minorías a la UCR y al Partido Socialista, desactivándolos como fuerzas desestabilizadoras. Este pensamiento se basaba en la ciega confianza en que un partido conservador organizado en todo el país sería invencible en el terreno electoral. Ni siquiera la victoria electoral de la UCR en Santa Fe (la primera bajo la nueva ley) y en la Capital Federal los hizo caer en la cuenta de las profundas e irreversibles consecuencias que traía aparejada la aplicación de la Ley Saenz Peña.

Primeras experiencias y consecuencias bajo la nueva ley

Esos primeros años de aplicación de la nueva Ley electoral, constituyeron un balance con resultado positivo para la UCR, ya que si bien los conservadores continuaban apelando a todo tipo de artilugios para imponerse en las elecciones, de a poco, la ley electoral se tornaría en una barrera para los intentos fraudulentos, único modo en que los conservadores seguían ganando elecciones.

Entre 1912 y 1916 la UCR se fue fortaleciendo interna y externamente. La habilidad de Yrigoyen fue decisiva a la hora de sortear los obstáculos que el régimen le iba colocando, rechazo de ofrecimientos de cargos en el gabinete, abstención en las elecciones viciadas etc. Sin embargo dos hechos ensombrecían los avances logrados: primero, la incorporación de grupos conservadores que intuyendo la debacle del régimen, intentaban acomodarse favorablemente en el nuevo gobierno y segundo, el carácter cada vez más despiadado que iban tomando las disputas internas, como el caso de Santa Fe, donde se forma una sólida corriente disidente. Pero estas cuestiones cobrarían mayor relevancia años después, cuando el radicalismo llegó al gobierno.

A principios del mes de marzo de 1916 se reúne el Comité Nacional, entre otros asuntos para elegir la dupla que competirá en las elecciones de abril. Existen varias especulaciones, según estas, el candidato natural, Yrigoyen, rechazaría el ofrecimiento, por lo cual ya suenan otros nombres.

“Al otro día el viejo Teatro Onrubia se encontraba desde las 8 de la mañana repleto de público. Los delegados estaban distribuidos frente al proscenio en dos amplios sectores separados por un pasillo. Presidía el escenario un gran busto de Alem envuelto en una bandera argentina. Había nerviosidad y expectativa. (…) A las 10.30 se reanuda la sesión. Uno por uno van siendo llamados los convencionales, que depositan su voto en una urna colocada en el escenario. Un silencio palpitante envuelve la larga ceremonia. El primer voto que se escruta da el nombre de Yrigoyen. Entonces la “la Convención y la concurrencia se ponen de pie y aclaman el nombre de Yrigoyen durante largo tiempo. Dentro y fuera del teatro se canta el Himno Nacional.” (…) Ciento cuarenta votos obtiene Yrigoyen, dos el Dr. Melo y uno cada uno Crotto, Alvear y Gallo.” En otra elección similar, pero más disputada, es elegido para acompañar a Yrigoyen el Dr. Pelagio Luna, de la provincia de La Rioja

En tanto, el Partido Socialista no podía extender su presencia más allá de algunas ciudades, generalmente muy pobladas por capas medias de la población, donde la disputa con el radicalismo no les era favorable.

En mejor situación no se encontraban los partidarios del régimen, los conservadores no podían unificar sus diferentes vertientes en un gran partido nacional. Lisandro de la Torre intentó encabezar un remozado partido conservador armando desde Santa Fe el Partido Demócrata Progresista, pero no pudo llegar a un acuerdo con los referentes conservadores, en especial con los de Buenos Aires encabezados por Marcelino Ugarte.

Así, en 1916, se realizan las primeras elecciones generales para elegir presidente y vice, bajo la ley que regulando la actividad electoral, permitió realizarlas por primera vez respetando la voluntad popular. De esa manera, la que siempre había propiciado la UCR, por la que habían peleado Alem, Yrigoyen y tantos otros, entre los que se encuentran aquellos que habían caído en los sucesivos levantamientos radicales contra el fraude, se elegía al primer presidente democrático en la historia argentina.

El 2 de Abril de 1916 se realizan las elecciones, la UCR obtiene los delegados por la Capital Federal, Entre Ríos, Santa Fe, Córdoba, Tucumán y Mendoza sumando aproximadamente 370.000 votos. Los conservadores logran electores en Buenos Aires, La Rioja, Santiago del Estero y San Juan, en tanto los seguidores de Lisandro de la Torre se imponen en Corrientes, Salta, Catamarca y San Luis.

El radicalismo obtiene 152 delegados, uno más de lo necesario. Como la elección del presidente y del vice se realiza indirectamente a través del Colegio Electoral y la diferencia a favor de la UCR es exigua, los conservadores apelan a toda su sabiduría en trenzas para cambiar el voto de algún delegado.

Se dedican especialmente a los de la UCR de Santa Fe (disidentes de la conducción nacional), a quiénes se le ofrece encabezar una candidatura alternativa. Ante la presión de allegados a Yrigoyen para que actúe convenciendo a los disidentes, este contesta, como cuenta Felix Luna en el libro que dedica a la vida de Yrigoyen, “Que se pierdan mil gobiernos, antes que vulnerar la conducta de inflexible austeridad que ha sido la norma orientadora de la trayectoria radical…”

Finalmente, los disidentes santafecinos se encolumnan tras la formula radical y el 20 de Julio de 1916 se elige el nuevo presidente. 134 electores se reparten entre Angel Rojas, Lisandro de la Torre y Juan B. Justo. Hipólito Yrigoyen obtiene 152. El radicalismo era gobierno por primera vez en su historia. La causa se impuso sobre el régimen.

4- LA UCR EN EL GOBIERNO

“Un presidente del antiguo régimen, Carlos Pellegrini, gustaba decir:

“En nuestro país no se gobierna, se manda”. Yrigoyen intenta gobernar por primera vez, aunque sea con muchas imperfecciones. La oligarquía por interés y los militares por reflejo profesional no le perdonarán esa actitud.”

Alain Rouquie

Una vez ganadas las elecciones, el rol de la UCR no podía seguir siendo el mismo. La llegada al gobierno había significado el triunfo de la causa por la reparación nacional, el respeto a la constitución y a la libertad del sufragio. Estos objetivos, amplísimos, habían unido un heterogéneo grupo de seguidores, pero también relegaron a un segundo lugar las posiciones que el radicalismo debería adoptar frente a la realidad económica, social, a la política exterior etc.

“Así, el radicalismo aparecía ante el electorado como una gran incógnita, y el voto que lo llevó al triunfo en 1916 fue, más que todo, una expresión de confianza del país en una fuerza que aparecía como algo limpio, nuevo y renovador, con un hombre a su cabeza que había hecho una profesión de vida del desinterés personal y el principismo político.” (Revista Todo es Historia no 289 pp 15)

En efecto, el radicalismo seguía manteniendo ese carácter movimentista que lo había signado desde sus orígenes y esta supuesta indefinición representaba un hecho natural para el grado de desarrollo del sistema político en general y del radicalismo en particular. A partir de su acceso al gobierno el radicalismo comienza a definirse, y ésta definición si bien tiene fundamentos teóricos (sobre los que volveremos pronto) se da fundamentalmente en la practica política cotidiana. Día a día hay que tomar decisiones, estas siempre encuentran quiénes se benefician y quiénes se perjudican, por lo que ese heterogéneo conglomerado que llegó al gobierno, pronto irá tomando formas cada vez más definidas.

El radicalismo como tradición partidaria se terminará de conformar a mediados de la década del 30, pero la impronta yrigoyenista será decisiva a la hora de comprender el pensamiento y la acción radical.

Muchos autores actuales (Por ejemplo David Rock) critican esta indefinición por parte del radicalismo, basándose anacrónicamente en lo que se requiere actualmente a un partido político, sin tener en cuenta el contexto histórico en el que se desenvolvieron los hechos.

La continuidad de las bases económicas que sustentaban al régimen es otra de las impugnaciones recibidas, basándose en concepciones economicistas que tienden a oscurecer cualquier otro motor del cambio, se habla de la falta de una reforma agraria, de cambios en la estructura económica agro-ganadera etc. como únicos índices validos de cambio. El error consiste en tratar de insertar el caso argentino en categorías de análisis, validas sin duda, pero que no tienen en cuando el desarrollo especifico de la región en todos sus aspectos, social, político, económico, cultural etc.

Félix Luna describe esta situación con lucidez: “No fue, por cierto, un gobierno revolucionario. No modificó el régimen de tenencia de la tierra, ni atacó las bases económicas de la oligarquía, ni produjo cambios en la estructura económica o en la relación con los países centrales. Pero es obvio que ni el radicalismo estaba animado por una concepción revolucionaria ni el país necesitaba en ese momento un cambio total en el esquema que venía funcionando pasablemente bien desde 1880. (…) En cambio la presencia radical en el poder aparejó una mayor democratización de la sociedad argentina. Hijos de inmigrantes participaban en los cuerpos representativos o desempeñaban cargos importantes en la administración pública, acentuando el igualitarismo en la vida nacional. Una intensa vida política se desarrollaba a lo largo del país (…) Crecía la sensación de que existía en las alturas del poder una mayor preocupación por la suerte de la gente común. En algunas provincias de características especialmente feudales, el radicalismo operó en un sentido de apoyo decidido por los humildes, desatando la ira de las clases poseedoras…” (Revista Todo es Historia no 289 pp 16)

Y es este cambio cultural, el acceso de nuevos sectores a la educación, a la administración pública, en definitiva a la vida política, la que no perdonan los conservadores desplazados del gobierno. Así lo describe Alain Rouquie (pp138) “Horrorizado los conservadores denunciaron la intrusión de la plebe, de los “bárbaros”, en la vida política argentina.”

Esta nueva forma de gobernar se observa en las relaciones internacionales del gobierno radical, en la reforma universitaria, en los intentos de nacionalización del petróleo, en el papel de arbitro del estado, que deja de ser el instrumento de la clase poseedora para intentar mediar en base a las relaciones de fuerza existentes. Causa estupor en las familias patricias que Yrigoyen laude a favor de los obreros o aun peor, que los reciba en la casa de gobierno, como en 1917 durante el conflicto ferroviario.

5- EL ACERVO IDEOLOGICO DEL RADICALISMO

Mientras dure su período, el Poder Ejecutivo no enajenará un adarme de las riquezas públicas, ni cederá un ápice del dominio absoluto del estado sobre ellas.

H.Yrigoyen

Nos detendremos ahora en la cuestión de los fundamentos filosóficos que guiaban a Yrigoyen. Muchos de los autores que intentan aproximarse al fenómeno del radicalismo pasan por alto este tema, sin el cual no puede comprenderse gran parte del accionar político de Yrigoyen, sobre todo su obsesión por la “armonía social”.

Fue seguramente Karl Christian Friederich Krause (1781-1832) quien más influenció en ese terreno a Yrigoyen y a otros dirigentes radicales.

El Krausismo

Hay tres o cuatro cosas muy importantes que en el pensamiento y la practica política de Yrigoyen y el radicalismo están directamente tomadas del krausismo y que se han integrado a las raíces de lo que podría denominarse una “ideología radical”. Y que, insisto, se concilia muy fácilmente con la ilustración del siglo XVIII, con el pensamiento de la Revolución Francesa, con las corrientes del idealismo romántico social de la Generación argentina de 1837.

En primer lugar, la idea de democracia, como expresión de la soberanía popular de la participación. La concepción del individuo concebido como ser para la libertad y con la solidaria armonización del individuo con las necesidades de la sociedad en su conjunto.

En segundo lugar, la idea de nación y de las relaciones de las naciones entre sí, como articulación de soberanías internas, de libre asociación de autonomías, partiendo de la sacralización de los hombres y de los pueblos.

En tercer lugar, algo que esta muy arraigado en el pensamiento radical, que es la concepción de armonía social, del dialogo, de la tolerancia, de la pacífica superación de los conflictos, de un humanismo pacifista.

Creo que, además, hay en Yrigoyen, como en todos los radicales notorios, algo así como un “estilo krausista” en su personalidad, en sus costumbres, en sus modos de actuar: la austeridad, la sobriedad, el permanecer un poco oculto de la publicidad y todo ello se expresa hasta en el modo de vestir.

Este estilo krausista estaba muy acendrado en Yrigoyen: su manera de hablar, su actitud de convencer, su gesto pedagógico en el trato político individual. Esto se traslado a los más notables dirigentes radicales, que no actuaban así porque “eran krausistas”: simplemente recogieron lo que surgía de la conducta de su líder, y lo incorporaron a una filosofía de vida y a una ética social.

Recuerdo a Elpidio González, vicepresidente de la Nación, que tomaba el tranvía para ejercer su cargo en la casa de gobierno, o de Amadeo Sabattini, gobernador de Córdoba y conductor del radicalismo, que muy pocas veces se lo veía en publico, porque salía muy poco de su pobre casa, en un pueblito de la provincia y no creo que ninguno de ellos tuvieran esos modos por adherirse a una escuela filosófica “krausista” (…)

Ricardo Balbín, varias veces candidato a presidente de la Nación por la UCR y conductor del partido por muchos años, cuando muere el hijo de Batlle y Ordoñez, presidente del Uruguay (típicamente krausista) va al entierro en Montevideo (saliendo por primera vez de la Argentina), durante el ultimo régimen militar en la Argentina y dice un hermoso discurso con claras connotaciones krausistas. Sin embargo yo no creo que Balbín haya leído nunca a ni a Tiberghien ni a Krause (…) Un gran krausista, con conocimiento y clara conciencia de lo que era el krausismo, un krausista consciente y explícito, fue Don Arturo Illia (…) Desde luego, el radicalismo no fue solamente influido por el krausismo o el liberalismo del siglo pasado. Si bien Yrigoyen no tenía conocimientos profundos del marxismo, sí era claramente antipositivista, espiritualista y humanista, y esto forma parte permanente de las concepciones ideológicas del radicalismo.” (Osvaldo Alvarez Guerrero en Origenes de la democracia Argentina)

Podría decirse que para el krausismo, si el hombre no puede determinarse en el plano político, todas las demás esferas sociales se resienten. Es decir la primera y principal “alienación” es la política. Por eso el sufragio será para Yrigoyen “fundamento de la legitimidad de todos los poderes”…” (Pasalaqua en Origenes de la democracia Argentina)

Consideramos que resulta de suma importancia detenerse en este aspecto de la influencia del krausismo, ya que no solo influenció claramente a Hipólito Yrigoyen, sino también a importantes dirigentes radicales posteriores.

Decíamos anteriormente que muchos historiadores (otra vez puede ser citado D. Rock) prefieren tomar el camino fácil, atribuyendo el comportamiento de Yrigoyen a delirios místicos o a metodologías demagógicas, en vez de investigar la influencia de los krausistas españoles, de Sanz del Río, de los liberales franceses o de la generación del 37 en el pensamiento del radicalismo. Tampoco es posible entender fuera de este marco la “tozudez” de Yrigoyen en no formular propuestas concretas e insistir en la causa de la reparación nacional o en el cumplimiento a rajatabla de la constitución y la libertad del sufragio.

Actualmente existen interesantes investigaciones que reflejan los nutridos contactos de los republicanos españoles del siglo pasado con intelectuales del radicalismo.

6- 1916-1922, PRIMER GOBIERNO DE YRIGOYEN

Al asumir Yrigoyen la presidencia, su situación política no era la más sólida, era minoría en ambas cámaras y gran número de provincias se hallaban en manos de la oposición, así como la Universidad, los principales núcleos económicos y la prensa opositora, que inicio una escalada de inusitada virulencia en contra de la persona de Yrigoyen. El régimen solo se había replegado y estaba decidido a no dejar gobernar a la UCR.

Sería muy extenso enumerar la totalidad de la acción de gobierno, anteriormente nos aproximamos a los elementos que constituyeron la concepción de base de la practica de Yrigoyen, y a continuación sintetizaremos algunos de los aspectos más importantes de su obra.
La cuestión social
Gabriel Del Mazo lo describe de la siguiente manera: “En este plano, durante la primera presidencia radical, por primera vez se gobernó sin un solo día de estado de sitio. Por primera vez el Poder Ejecutivo Nacional mantuvo trato directo con los sindicatos obreros en la solución de los conflictos de trabajo. Por primera vez quedaron implantados y funcionando los seguros obreros, comenzando por los del personal ferroviario y empleados de empresas de servicios públicos. Por primera vez se realizaron elecciones de representantes obreros ante los directorios, propio de una democracia industrial, comenzando por las cajas de tranviarios, telefonistas, gasistas y electricistas. Por primera vez la República envió representantes a congresos internacionales sobre cuestiones obreras. (…) … la institución de las 8 hs de trabajo, sueldo y salario mínimo, abaratamiento de artículos de primera necesidad, pago en moneda nacional, cumplimiento del descanso dominical, contrato colectivo de trabajo, conciliación y arbitraje, prohibición de embargo de sueldos y salarios, jubilaciones y pensiones, casas para obreros, prohibición de desalojos y aumentos de alquileres… “. Decíamos anteriormente que el estado, la administración pública, comenzaron a abrirse, los hijos de los inmigrantes empezaban a cumplir el sueño del ascenso social.

Si bien el gobierno de Yrigoyen no apeló a la represión en forma sistemática dos sucesos enturbiaron esta actitud, la “Semana Trágica” y la brutal represión en el sur del país, inmortalizada por Osvaldo Bayer en “La Patagonia Rebelde”. Mucho se ha discutido y queda todavía mucha tela por cortar, si bien es cierta la ignorancia de estos hechos por parte del presidente, el partido, como conducción de la república no puede dejar de aceptar su responsabilidad, sobre todo en la impunidad de los mismos y más tarde o más temprano se deberá revisar críticamente, sin segundas intenciones y tomando en cuenta la realidad histórica del momento, el comportamiento frente a aquellos sucesos.

“Estos hechos, sin embargo, fueron excepcionales, y no pueden macular la línea de preocupación social mantenida por el gobierno de Yrigoyen.” (Revista Todo es Historia No 289 pp 17-18)
Panorama económico
En lo económico extendió la red estatal y puso condiciones a la explotación de los ferrocarriles por parte de los británicos, decretando la caducidad de concesiones de más de 10.000 Km. de vías inexistentes, cuyos plazos de construcción habían ya vencido e imposibilitaban la construcción de nuevos ramales. Envío al Congreso numerosos proyectos que fueron “cajoneados” por los opositores, entre ellos los presupuestos anuales y un impuesto a los réditos, creó la empresa estatal de explotación petrolera (Y.P.F.), e hizo frente la crisis del sistema económico argentino, agudizada por las consecuencias de la guerra. Su periodo se inscribe dentro de un momento de crisis económica general, acentuado por la primer guerra mundial.
Política Exterior
En lo referente a esye área, mantuvo frente a la guerra mundial de 1914, una estricta neutralidad, a pesar de las presiones de los sectores pro-aliados, incluso dentro del propio partido y de incidentes diplomáticos de envergadura con el Imperio Alemán. Gran impacto causó en el ámbito internacional el retiro de la delegación argentina de la Liga de las Naciones, ante la negativa de integrar a esta, a la totalidad de las naciones.

Del Mazo testimonia que “De más esta decir a que llamaba el presidente argentino la “proposición fundamental”, convertida por su firme, reiterada decisión, en el “quid” de la permanencia o retiro de la delegación argentina de la asamblea: se trataba de la universalidad efectiva de la Liga sobre la base de la igualdad de los estados. El presidente solía decir en sus conversaciones que no debía tratarse de una Liga de Naciones sino de una Liga de las Naciones, no de algunas sino de todas, distingo que cuidó en los documentos del gobierno.”
Así mismo mantuvo una política americanista y antiimperialista, como se desprende de su actitud ante las invasiones norteamericanas a Nicaragua y República Dominicana, sin olvidar la organización de un Congreso de países latinoamericanos, en momentos de convulsión internacional, con el fin de unificar posturas lo que trajo aparejado criticas y presiones del gobierno norteamericano.

La cultura
En el campo cultural, la década del 20, fue altamente significativa, pudiendo destacarse la literatura de vanguardia, los diversos y numerosos emprendimientos editoriales, el surgimiento de una generación de intelectuales, artistas, escritores que dejaran una marca profunda en la cultura argentina, basta solamente enumerar algunos nombres: Jorge Luis Borges, Oliverio Girondo, Ricardo Rojas, José Ingenieros, Emilio Pettoruti, Enrique Larreta, Leopoldo Lugones, Manuel Galvez, Roberto Arlt, Benito Quinquela Martín, Alejandro Korn, Ricardo Guiraldes (que en 1926 pública Don Segundo Sombra) y la lista podría continuar.

El positivismo comienza a sufrir duros golpes, las visitas de Ortega y Gasset no pasan desapercibidas y sus consecuencias son de gran importancia para el ambiente intelectual, como por ejemplo la fundación del Colegio Novecentista. En 1920 fue designado Emilio Ravignani Director de la Sección de Historia de la Facultad de filosofía y Letras.
En el campo de la ciencias “duras”, en 1919, Bernardo Houssay funda el Instituto de Biología, este evento se relaciona directamente con el ascenso de las ideas reformistas en las Universidades Nacionales. En 1925 llega a la Argentina Albert Einstein.

7- LA REFORMA UNIVERSITARIA

Ninguna decisión le valdrá a Yrigoyen y a su ministro de Instrucción Publica, Salinas, un odio tan duradero como la que introduce, en mayo de 1918, la reforma del estatuto de las universidades e instituye la participación de los estudiantes en su gestión.

Alain Rouquie

Este acontecimiento esta íntimamente ligado al gobierno de Yrigoyen, con el nombre de La Reforma Universitaria se conoce la movilización estudiantil, que comenzada en Córdoba, se expandió hacia las restantes universidades del país y luego de Latinoamérica. Este movimiento produjo reformas de tal magnitud en la Universidad que hasta el día de hoy mantienen una sólida vigencia. El radicalismo, a través del gobierno, de sus militantes e intelectuales mantuvo una gran afinidad y solidaridad con los estudiantes cordobeses y sus reclamos. Hoy, la agrupación radical universitaria Franja Morada, triunfadora en las elecciones estudiantiles desde el año 1982 hasta la fecha, se reconoce heredera directa de aquellos sucesos.
La Universidad no podía quedar relegada del fabuloso impulso democratizador que estaba recorriendo a la sociedad, los nombramientos a dedo, los cargos vitalicios, el autoritarismo como única arma pedagógica, la presencia permanente de la iglesia en las decisiones académicas, la falta de actualización en los conocimientos y el aislamiento con respecto a la sociedad y sus problemas fueron algunos de los motivos de las primeras revueltas.
El Historiador Argentino JLRomero señala que “Los grupos juveniles que se insubordinaban contra sus maestros, se levantaban, en rigor, contra la generación de sus padres, contra el estilo de vida que se les ofrecía como impuesto por la tradición, contra el ambiente que predominaba en el país, y que parecía cortar sus posibilidades futuras.(…) En lo que coincidían todos fue en la incapacidad de los profesores, su insolvencia intelectual, su tendencia dogmática, su indiferencia frente a los problemas nuevos de la vida y de la cultura. (…)
Pero sobre todo enjuició el régimen del profesorado, que constituía a sus ojos una casta que detentaba las cátedras universitarias y los cargos directivos como si los poseyeran “por derecho divino. (…) “Por vuestros pensamientos pasa -decía Deodoro Roca-, silencioso casi, el porvenir de la civilización del país.
En primer término, el soplo democrático, bien entendido. Por todas las cláusulas circula su fuerza. En segundo lugar, la necesidad de ponerse en contacto con el dolor y la ignorancia del pueblo, ya sea abriéndole las puertas de la universidad o desbordándola sobre él.”
Del Mazo, participante de los sucesos lo relata: “Desde Buenos Aires, quiénes estábamos, ya directamente conectados con los promotores de Córdoba, que formaron lo que llamaron el Comité pro-reforma, pensábamos en que podíamos tomar a nuestro cargo la constitución de la Federación Universitaria Argentina (FUA), con delegados representativos de los estudiantes de las cinco Universidades, entidad por lo tanto encargada del apoyo al movimiento cordobés y de la amplia nacionalización del conflicto.
El 11 de abril se fundó la federación con delegados directos. En la reunión propuse y se aprobó, convocar al Primer Congreso Nacional de Estudiantes Universitarios. (…)
En ese abril habíamos alcanzado ya la fórmula esencial para la Universidad Nueva. Su enunciado era breve y sencillo: la Universidad era una comunidad constituida por todos sus miembros, y son miembros de la Universidad los profesores, los estudiantes, y los graduados vinculados. (…) Pero el pronunciamiento del 15 de Junio, dirigido “A los hombres libres de Sudamérica”, según el manifiesto que fue emitido días después, mostró el vigor que llevaba latente, hasta que punto había crecido su fuerza conceptual y no sólo con relación a la Universidad. (…)

El Manifiesto (…) reclamó un “gobierno estrictamente democrático”. “Si es que en nombre del orden se quiere seguir burlando y embruteciendo a la juventud estudiosa, el sacrificio será el mejor estimulo para la acción. La única recompensa a que los estudiantes aspiran, es a la redención espiritual de las juventudes americanas, pues sabe que nuestras verdades lo son -y dolorosas- de todo el Continente”. Proclamaba “una revolución espiritual”, “una hora americana”.
Podríamos seguir escribiendo hojas y hojas sobre este fenómeno de la historia política y cultural argentina, que merecería una síntesis histórica propia. La Reforma influenció a todos los partidos políticos (a favor y en contra), derivo en la creación de nuevos agrupamientos, de entre sus participantes emergieron gran cantidad de dirigentes políticos e intelectuales, influenció también, hasta el día de hoy, la constitución de la Universidad argentina, y penetró fuertemente en las vanguardias literarias de la época.
Obviamente no se encuentra ajena al clima cultural anteriormente descripto, más bien todo lo contrario, esta íntimamente relacionada con él.

Por ultimo este movimiento fue visto con agrado desde el gobierno radical, quien prontamente lo apoya. No hace falta profundizar en la indignación manifestada por los sectores adictos al régimen por la actitud de Yrigoyen. La universidad era un coto de caza especialmente valorada por la vieja oligarquía.
Fin del primer gobierno radical.
El panorama partidario fueron años de redefiniciones, no de descomposición, todas las fuerzas al tener que tomar posturas más particulares, dado su acceso más o menos cercano a responsabilidades ejecutivas o legislativas sufrieron reacomodamientos internos. Los conservadores seguían penando, el sueño del partido nacional era una quimera, entonces, su supervivencia estaba relacionada directamente con la posibilidad de acceder a algún gobierno provincial, intendencias o bancas legislativas. El Partido Demócrata Progresista solo tenía claro su odio al radicalismo y contra este formaba alianzas con conservadores o socialistas, se encontraba en declive igual que sus “primos” conservadores. El Partido Socialista también sufrió crisis, desprendimientos a derecha e izquierda, luego de la expulsión de Alfredo Palacios, este conformo el Partido Socialista Argentino de efímera trayectoria. Más importante fue la fuga hacia la izquierda, de sectores que en 1918 formaron el Partido Socialista Internacional de ideología marxista, luego bautizado Partido Comunista. Más tarde un sector cuasiconservador formó el Partido Socialista Independiente con fuerte arraigo en la Capital Federal.
El radicalismo también sufrió los embates de estos reacomodamientos internos. Un grupo numeroso se siente disconforme o aun más, con la conducción de Yrigoyen, y esperan la designación del nuevo candidato para restarle poder a este. Estas disidencias se encontraban en varias provincias, muchas veces por problemas referidos a ambiciones personales, pero también por cuestiones ideológicas, propias de la necesaria definición política adoptada por el presidente en esos seis años de gobierno.
Cuando la lucha era por consignas tan generales como la defensa del sufragio libre podían coexistir diversas tendencias armónicamente, y habíamos analizado que sectores cercanos al viejo régimen buscaron ingresar a la UCR para no quedar fuera del calor del poder, estos sectores eran los más ofuscados con el “populismo” de Yrigoyen.

Un ejemplo de esto es la evolución del radicalismo cordobés, en principio ligado a sectores conservadores católicos, luego cuestionados por un grupo progresista encabezado por Arturo Orgaz y Arturo Capdevila muy influenciados por la Reforma Universitaria y la Revolución Rusa. Si bien estos grupos fueron controlados, hacia 1922 tomaron nuevos bríos, dentro de estos, se encontraba quien finalmente cambiaría la cara de la UCR cordobesa, Amadeo Sabattini.
Igualmente, las elecciones de aquellos años eran generosas hacia el radicalismo, triunfando en las renovaciones tanto legislativas como ejecutivas en las provincias de 1918, 1920 y 1922 y cada vez con mayor número de votos.
La sucesión
A medida que se acercaba la renovación presidencial crecía la expectativa por el candidato, Yrigoyen ya tenía elegido el suyo, pero mantuvo silencio para no influenciar la decisión del partido. Este silencio animó la lucha interna y el florecimiento de candidatos, merecidos y de los otros. No ocultaban sus deseos Leopoldo Melo, Fernando Saguier, Honorio Pueyrredon, Ramón Gómez etc.
“Es difícil saber porque Yrigoyen escogió a Alvear. Probablemente debe haber sido rica y compleja la motivación de su preferencia. Cierto es que siempre había tenido por “Marcelo” un especial efecto, pero no es menos cierto que el hecho de que Alvear había tenido actitudes rebeldes que en otros hubieran significado la pérdida de la confianza presidencial o, al menos, la imposibilidad de tenerla en grado tan alto. También consta que Alvear había sido de los de la primera hora y que había ayudado con su esfuerzo personal y con su fortuna a la empresa radical: pero también era éste el caso de Saguier, por ejemplo. (…) Que decidió a Yrigoyen no lo sabemos. Tal vez tuvo presente al pronunciarse aquella ley histórica Sudamericana que señala la agresiva pretensión de autonomía que alientan los gobernantes mediocres sucesores de los gobiernos de los grandes caudillos.
En el caso particular de Yrigoyen, era seguro que algo así ocurriría, fuera quien fuere su sucesor, pues todo un ala del partido resentida o descontenta o simplemente veleidosa estaba aguardando la designación del futuro mandatario para rodearlo y olvidar al antecesor y aun para hostilizarlo si fuese necesario. Así como fueron “alvearistas”, esos elementos pudieron ser y habrían sido “saguieristas” o “gomecistas” o “pueyrredonistas”. Pero Yrigoyen conocía las cualidades caballerescas de Alvear y sabía que su inevitable alejamiento no traspasaría cierto margen de decencia y fair play . No se equivocó.” (Felix Luna “Yrigoyen” pp 347-348).
La elección de la formula se realizó en el Teatro Nuevo, el 11 de Marzo de 1922, el sistema es idéntico al utilizado para elegir la formula Yrigoyen-Luna, es decir el voto directo de los delegados al Comité Nacional. El nombre de Alvear es cantado, triunfa con 139 votos, Saguier obtiene 18, Gomez 12, Gallo 9, José Luis Cantilo 4 y Tomas Le Breton 2.

La elección del vice se presenta más reñida, finalmente se impone Elpidio González, luego del aceptamiento de ambos (Alvear se encontraba en misión diplomática en Francia) la formula Alvear-González comienza la campaña
Esta no es realizada en forma muy entusiasta dado que se descuenta el triunfo radical. En efecto, el 2 de Abril de 1922 la UCR se impone en la primer renovación presidencial transparente. Los cómputos son elocuentes: UCR: 450.000 votos, Concentración Nacional (conservadores) 200.000, el Partido Demócrata Progresista: 73.000, cifra cercana logra el Partido Socialista y el Partido Radical Principista (escisión antiyrigoyenista) fracasa estrepitosamente con 18.000 votos. (Fuente (Felix Luna “Yrigoyen” pp 350)

8- 1922-1928, GOBIERNO DE MARCELO T. DE ALVEAR

El segundo gobierno radical difirió mucho del primero. Alvear llegó de Francia muy influenciado por el modelo europeo de gobierno y de partido. Pensó en primer lugar que debía darle más importancia a los ministros, poniendo en ese lugar personalidades relevantes en lugar de los ilustres desconocidos que rodearon a Yrigoyen. Así encontramos, entre otros, a José Nicolás Matienzo en Interior, en Relaciones Exteriores a Angel Gallardo, como ministro militar a Agustín P. Justo (en el gobierno de Yrigoyen estaba a cargo de un civil), y a Tomas le Bretón en Agricultura. La conformación del gabinete no satisfizo los Yrigoyenistas, ya que la mayoría de sus integrantes provenían del grupo antiyrigoyenista, autodenominado Antipersonalistas.

La economía
“La de Alvear fue una presidencia suertuda, deslizada suavemente en años de gran prosperidad, sin sobresaltos ni dificultades. El periodo 1922-1928 estuvo ubicado cómodamente entre dos crisis: la de posguerra, y la que afligió al mundo desde 1929. (…) Durante su administración, pues, no hubo grandes alteraciones económicas, ni en el país ni en el mundo. Moneda estable, ocupación plena, abundancia de vivienda, afluencia de capitales… (…) No hubo grandes conflictos sociales y se pudieron solucionar algunos entredichos como el de los cañeros…(..) Si hubiera que calificar su administración, el adjetivo que le cuadraría sería el de “correcta”.” (Felix Luna “Alvear” pp 63-64)
En otro orden de cosas, aumentó la red ferroviaria, se realizaron obras para mejorar puertos y caminos, se avanza en las áreas de siembra y nuevas investigaciones fijan en este período los gérmenes originarios del proceso de industrialización argentino. La situación de los frigoríficos produce arduos debates en las cámaras, donde los legisladores yrigoyenistas mantienen su postura nacionalista.
Política Exterior
En lo referido a la política exterior, estuvo signada también por la diferenciación con el gobierno anterior, un ejemplo de esto es el regreso a la Liga de las Naciones. Sin embargo, no ocurrió mucho más que un difundido conflicto con el Vaticano por el nombramiento del Arzobispo de Buenos Aires y la firma de algunos tratados internacionales. Se recibieron importantes visitas de funcionarios extranjeros y personalidades de la cultura y las ciencias.
Cultura
En el ámbito de la cultura sigue firme la descripción hecha anteriormente, la década de 1920, en su conjunto, es de suma importancia para la cultura argentina. A la nombrada visita de Einstein, se suma la de los escritores, Pirandello y Keyserling. Aparece la revista Martín Fierro y llega el Plus Ultra. Se fundó la Casa del Teatro y se realizó la Primera Exposición Nacional del Libro.
La cuestión social
En el plano social, ya hablamos de la bonanza de la época, lo que se tradujo en avances sociales, como por ejemplo: La ley que reglamenta el trabajo de mujeres y niños (Ley 11.317), la prohibición del trabajo nocturno en panaderías (Ley 11.338), y en especial la ley 11.357 que otorga derechos civiles a las mujeres. Algunos conflictos se desataron con los estudiantes universitarios, ya que sectores del gobierno no miraban con buenos ojos los reclamos de los estudiantes. Alvear no se dejó llevar por estos, aunque los estudiantes tuvieron que hacer concesiones.
Los primeros problemas con los militares
Con este gobierno comenzaron a mostrarse las desmedidas ansias de poder por parte de algunos militares. Agustín Justo es el símbolo de ellos. Se forman varias logias militares, ideológicamente cercanas a la derecha europea, sobre todo a Primo de Rivera, que comienzan a activar políticamente hacia dentro y fuera de la institución. Tenían algo en común: el odio a Yrigoyen.
La historia demuestra que la elección de Justo como ministro fue un grave error y peor aun el permitirle hacer política a través de la presión de un supuesto malestar militar. Alvear no conocía a Justo, le fue presentado por Le Bretón. Justo guardará siempre un gran rencor por Alvear, propio de los mediocres con ínfulas de grandes hombres, y se desquitará años después enviandoló detenido a un buque de guerra primero y al exilio después

Yrigoyen y Alvear, dos concepciones políticas distintas.
En lo que Alvear siguió el ejemplo de Yrigoyen fue en el cumplimiento de la constitución, en el respeto al sistema democrático, la libertad de prensa y la tolerancia para con las más disímiles ideas. Incluso en la época de elecciones internas para la sucesión presidencial, Alvear mantuvo una estricta neutralidad.
“Pero Alvear interrumpió la obra de Yrigoyen. No tanto la obra material como la concepción que había propuesto el caudillo con un sentido de transformación nacional. (…) Quedaban como en embrión todos estos inicios. Alvear debió ser quien los continuara, aprovechando la prosperidad de la época y el definitivo predominio del radicalismo que, a su vez estaba cobrando una conciencia más clara de su papel como agente transformador del país. Prefirió un gobierno cómodo, burgués, sin sobresaltos. Y así ocurrió que cuando Yrigoyen, después de 1928, quiso retomar la gran línea de la transformación, encontró que todo era más difícil. De lo que se sigue que, el pecado del gobierno de Alvear fue el haber sido solamente correcto.” (Felix Luna “Alvear” pp 64-65.)
Hacia la división del partido: Personalistas Vs Antipersonalistas
Pronto, apenas asumida la presidencia, la prensa comenzó a aventurar disidencias entre Alvear e Yrigoyen. Estas también fueron propugnadas, por los antiyrigoyenistas, quiénes comenzaron a rodear al nuevo presidente. Además objetivamente, como vimos anteriormente, existían diferencias entre ambos, tanto personales, de estilo como políticas.
Desde fines de 1923, con la asunción en el ministerio del Interior, de Vicente Gallo, quedaba claro el apoyo de Alvear a los sectores antipersonalistas. Gallo era uno de los más activos antiyrigoyenistas, estos recibieron la señal de guerra y contestaron con una dura oposición desde sus bloques en el Congreso. En el año 1924 se divide el radicalismo.
Los sectores antipersonalistas que quieren conducir la “refundación” del partido son derrotados por el yrigoyenismo, primero en elecciones internas y luego en las generales. La estrategia de Alvear de nombrar ministros con personalidad pronto le traerá más de un dolor de cabeza. Con Gallo y Le Bretón a la cabeza comienza un movimiento tendiente a intervenir la provincia de Buenos Aires, gobernada por José Luis Cantilo y bastión de los yrigoyenistas. A los ojos de los antipersonalistas, la única forma de afrontar una elección presidencial con ciertas chances era desactivar el formidable aparato electoral armado desde el Comité Provincial.
Alvear se negará una tras otra vez a tomar una resolución que rompía todas las formas de convivencia política. Cuando la presión de los antiyrigoyenistas se hace insoportable, Alvear le grita a Le Bretón: “Yo no te he llamado para presidente sino para que colabores conmigo y agregó: “A mi no me vengan a joder. Arréglense solos y ganen si son más!”. Finalmente Gallo renuncia y es reemplazado por otro antipersonalista, José P. Tamborini, que a diferencia de la primera, es más conciliador y como viejo radical no quiere la fractura del partido.

Alvear que en un principio dio luz verde a la escisión, no quiere llegar a la ruptura partidaria y comienzan tibios intentos de acercamientos entre ambos sectores. Sin embargo algunos sectores del antipersonalistas están dispuestos a enfrentar a Yrigoyen con Alvear o sin él. El radicalismo así, no se divide, se esta depurando de los sectores más conservadores.
Los antipersonalistas nominan la formula Melo-Gallo y comienzan a sumar fuerzas por derecha, sobre todo los viejos sectores conservadores, el llamado Frente Unido comenzó una gran campaña electoral, sobre todo en los medios de comunicación. Pero las elecciones legislativas y de gobernador que se realizaron desde 1926, comenzaban a mostrar al radicalismo como una fuerza incontenible, los conservadores culpaban a Alvear por no intervenir Buenos Aires y Córdoba, la vuelta de Yrigoyen era un secreto a voces.
El regreso del Caudillo
Mientras tanto, y otra vez sobre la hora, comienza el proceso para elegir la formula radical, el Comité Nacional se reúne en el Teatro Opera, luego de varios días de sesión y en una sala llena con gente afuera que pugnaba por entrar “… se levanta Leopoldo Bard y pide que Hipólito Yrigoyen sea aclamado candidato a presidente. Fue una explosión. Se canta el Himno Nacional, revolotean banderas y pañuelos durante varios minutos. Yrigoyen! Yrigoyen! Es inútil votar.” (Felix L una “Yrigoyen” pp. 386) Para acompañarlo es electo el Dr. Francisco Beiro.
En algunas provincias, como San Juan, La Rioja o Mendoza, con gobiernos opositores a la UCR, se desata sobre esta una serie de persecuciones y proscripciones que llevan a Yrigoyen a pedir la abstención de los radicales de dichas provincias por su propia seguridad, sin embargo llegado el día de las elecciones, el triunfo es abrumador, la UCR triunfa en todo el país. Con el aparato del estado en manos de los antipersonalistas se realiza un verdadero plebiscito, los resultados finales hablan por si mismos: Yrigoyen-Beiró: 838.583, Melo-Gallo: 414.026, los socialistas Bravo-Repetto 64.985 sufragios. Yrigoyen volvía al gobierno nuevamente cargando sobre sus espaldas con 76 años, pero “Si la presidencia de Yrigoyen podría resultar poco conveniente por su edad, la de Melo hubiera resultado desastrosa por lo que representaba y defendía. Por eso, si en 1916 la candidatura del caudillo había sido necesaria, en 1928 era absolutamente imprescindible…” (Felix Luna “Yrigoyen” pp 388-389)

9- 1928-1930, EL SEGUNDO GOBIERNO DE YRIGOYEN

Y no solo podía hablarse de plebiscito…
sino de un pronunciamiento de la plebe, de la masa popular desheredada, que acompaño al caudillo con inequívoca decisión…

Federico Pinedo

Ya todos conocemos el fin de esta historia, en 1930 se perpetra el primer golpe militar contra un gobierno democrático, legal y legitimo. No solo eso, la historia del sistema político argentino cambia su rumbo, los militares a partir de ese momento tomaran el nefasto habito de burlar cuantas veces quieran la voluntad popular. El afán desmedido de poder, los delirios místicos y fundamentalistas, el sometimiento a los centros financieros, a las familias tradicionales, el temor a los sectores populares y la difusión de ideologías autoritarias europeas avergonzaran a la institución militar alejándola del ideal sanmartiniano y de la función para cual fue creada.
No vamos a profundizar sobre la escasa acción de gobiernos de esos dos años, pero si intentaremos comprender porque se produce el levantamiento militar, fachada de una conspiración mayor que cuenta entre sus filas a la vieja oligarquía, la Iglesia, amplios sectores de la prensa, a algunos partidos políticos y a un grupo de intelectuales y fuerzas de choque que definiremos como “nacionalistas”, verdaderos “tontos útiles” de los sectores tradicionales.
Esta conspiración comienza, antes de la asunción de Yrigoyen, y estará acompañada de una campaña inusitadamente despiadada en su contra, en contra de los ministros, y cualquier persona cercana al presidente.
La crisis económica-La crisis ideológica
Yrigoyen no tuvo “suerte”, sus dos presidencias coincidieron con épocas de crisis, pero en 1929 El investigador Furman lo describe así, “El crash de la bolsa de Nueva York (…) provoca una crisis del sistema capitalista, que no solo se manifiesta en Estados Unidos y Europa, sino que se extiende por todo el mundo. La única excepción será la Unión Soviética.

Sus consecuencias, paralización del crédito y quebranto del comercio, provocarán un replanteo político y económico que llevará a la humanidad al holocausto de la Segunda Guerra Mundial (…) provoca una cadena ininterrumpida de crisis de bolsas en todo el mundo: quiebras de empresas, desocupación y convulsiones sociales y políticas. Esta sucesión de acontecimientos llegará muy pronto al subcontinente latinoamericano y las costas del Río de la Plata.”
Del exterior provenían también ideologías nuevas, antiliberales y formas de gobierno novedosas que entusiasmaban a los sectores intelectuales antes nombrados, a los eclesiásticos y a los militares: Charles Maurras y Benito Mussolini eran sus exponentes más admirados. Habían conjugado orden, control ante el avance obrero, freno al comunismo y crecimiento en el terreno económico. Estas ideologías, pronto, tendrán sus difusores en Argentina, el más conocidos: Leopoldo Lugones, y entre los sectores eclesiásticos, la revista Criterio, de gran llegada en los sectores tradicionales.
Mientras tanto, el ejercito era recorrido por una ola de admiración con respecto al ejercito alemán y su particular ideología, además a los vicios de hacer presión ante el poder político, cultivados durante la gestión anterior, este gobierno ponía un tajante freno. Rouquie lo marca claramente. “A diferencia de su predecesor, Yrigoyen rehusa no solo reconocer el poder militar sino también acordar a los cuadros del ejercito la posibilidad de manifestar su voluntad política.”

Entonces parecía fácil, adaptar la forma en que se desarrollaron los hechos en Europa a la Argentina, la acción propagandística de los conspiradores apuntaba a demostrar que el clima de “desorden” creado por el gobierno era intencional y beneficiaba a los sectores maximalistas o revolucionarios. Agitaban este fantasma ante las clases poseedoras, las que ya no confiaban que en tiempos de crisis sus negocios estuvieran alejados del poder protector del estado, es decir necesitaban de este, para asegurar sus ganancias puestas en peligro por la crisis.
La complicidad, según ellos, estaba simbolizada en la falta de una mayor represión, que se le achacaba a Yrigoyen, sobre los trabajadores fue suplantada por grupos paramilitares que se dedicaban a romper huelgas, apalear obreros y judíos. (La Liga Patriótica es su máximo exponente y una fuerza de choque que logro complicar seriamente al gobierno.)
A esto se agregaron consciente e inconscientemente todos los partidos políticos y hasta los sectores universitarios reformistas beneficiados anteriormente por la política radical, quiénes pronto se arrepentirán de su comportamiento irreflexivo. La prensa jugó un papel fundamental en el derrocamiento de Yrigoyen, posteriormente muchos de los medios que tan duramente castigaban al gobierno, fueron clausurados por el gobierno militar (Por ejemplo Critica)
En esos dos años la UCR no pudo gobernar, al panorama antes descripto se agregan las trabas en el Congreso, que se tornaban insuperables, entonces como resultado final encontramos que la acción opositora sobrepasaba a la adormecida iniciativa del ejecutivo, que presa otra vez de luchas internas no alcanzó a prever la existencia de la conspiración. De haberlo hecho, esta probablemente hubiese podido ser sofocada, ya que no alcanzo la adhesión prevista en el ejercito, que aun mantenía una importante corriente profesionalista, y mucho menos la adhesión popular.
Es verdad que el presidente estaba viejo, que estaba rodeado por asesores que le ocultaban las dificultades de la realidad, pero es también cierto que mantuvo algunas iniciativas políticas que contribuyeron a profundizar el odio y el temor de los sectores de la oligarquía. Una de estas tienen que ver con el petróleo.

Yrigoyen elevo al Congreso una ley para su nacionalización.
El problema del petróleo
Pero mayor espanto causó que Yrigoyen haya planteado un acuerdo con la Iuyamtorg, la agencia comercial de la URSS, traducido en intercambio de petróleo soviético por granos argentinos. Esto no podía ser permitido, la compañía norteamericana Standard Oíl se hallaba interesada en ingresar con grandes prerrogativas a la explotación del oro negro en territorio argentino, cosa que Yrigoyen no permitía. Todos esos problemas se terminaron con el golpe de 1930, alguien dijo: “..es una revolución con olor a petróleo.” (ver gobierno de Uriburu)
A esto se sumaron las ya conocidas posiciones yrigoyenistas frente a la política exterior, la cuestión social y educativa. Pero, todo ese clima de desorden denunciado por los nacionalistas, el peligro bolchevique, la inacción del gobierno, ¿llegaban más allá del Jockey Club, el Arzobispado, los cuarteles y el Congreso?
La respuesta es categórica: NO
“La revolución de septiembre de 1930, adaptó a la Argentina la crisis mundial que había comenzado a acentuarse en las últimas semanas de 1929. Esa revolución no fue un movimiento dirigido contra un gobernante; fue consecuencia de una crisis de estructura. No nos induce a formular esta apreciación el hecho que dos años antes el ciudadano que enfrentó los primeros síntomas de la crisis fuera electo mediante un caudal de votos decididamente abrumadores; y que ese caudal haya traducido uno de los movimientos de masas más densos hasta entonces de la historia argentina. Por no tratarse de un gobernante que se iniciaba en la función pública, tampoco puede suponerse que el cambio de opinión ocurrido en poco más de veinte meses tenga su justificativo en un error colectivo de apreciación. Las condiciones personales, suficientemente conocidas (…) son razones que contribuyen a eliminar cualquier sospecha de veleidad colectiva. Por lo demás, bastaría recordar que durante los meses en que él permaneció en la prisión, así como los que gozo en libertad, hasta su fallecimiento, el pueblo acompaño con ansiedad sus gestiones, y cuando ocurrió su muerte, su sepelio dio lugar a una concentración popular difícilmente superada.” (Williman-Ortiz 23-24)
Entre los conspiradores, había dos tendencias: los que aspiraban a descabezar el poder ejecutivo, al estilo de 1890, sin salir de los carriles institucionales, entre los que se contaban el Gral. Justo y el mayoritario sector del liberal del ejercito. Algunos estudios actuales trabajan sobre hipótesis que demostrarían la colaboración que este grupo de militares obtendría desde dentro del gobierno, y nombran entre ellos al Vicepresidente Martínez, (reemplazante del fallecido Beiró) y a otra importantes figuras del partido.
El otro grupo conspiradores, encabezado por Uriburu, quiere una transformación total del sistema político, la abolición de la ley Saenz Peña y la creación de un estado corporativo al estilo fascista. Los grupos nacionalistas, antiliberales entre ellos Lugones, los Ibarguren, Carulla, la revista Criterio y los grupos paramilitares son su sustento. Finalmente ellos serán los que materialicen el golpe.
El 5 de septiembre Yrigoyen, enfermo, delega el poder en el vicepresidente, el 6 de septiembre de 1930 un grupo de cadetes del colegio militar, grupos civiles armados y algunas tropas regulares llegan a la casa de gobierno y exigen la renuncia del gobierno. Yrigoyen se dirige a La Plata para obtener refuerzos, ordena resistir aunque el vicepresidente, sin la personalidad que los hechos requerían ya había capitulado.
El nuevo presidente era Uriburu, mediocre militar, y peor político, incapaz de mejorar su foja de servicios, apela a su mesianismo y autoritarismo en busca de los méritos que de ninguna otra manera puede obtener. “Ese día al atardecer, en la soledad recoleta de su casa, un hombre que durante largos años había estado descifrando como un mago los presagios y los signos de su patria, meditaba en silencio. Su mujer le preguntó al pasar qué le ocurría. Entonces Ricardo Rojas contestó: “Se acabó la Argentina… Y quien sabe por cuantos años!” (Felix Luna “Yrigoyen” pp. 455)

10- LA DECADA INFAME

El 28 de Junio de 1932 el Tte. Cnel. Regino Lascano, amigo personal del Dr. Yrigoyen y ex revolucionario del año 1905, es asesinado en la pieza de un hotel en Curuzú Cuatiá. Según el comunicado del gobierno, este oficial radical “preparaba un movimiento subversivo

Alain Rouquie

Aunque no corresponde estrictamente el término “Década”, el de infame seguramente se queda corto. Hasta fines de 1945 los argentinos no podrán elegir libremente, en forma transparente y democrática quien riga sus destinos.
No nos detendremos en la acción de gobierno, de estos presidentes usurpadores, aunque esta podría sintetizarse en tres conceptos: represión, corrupción y entrega de la soberanía, reflejada en la política petrolera y económica.
Uriburu, 1930-1932
Este gobierno se ajusta exactamente a lo enunciado anteriormente, se dedicó a encarcelar a cuanto radical encontró. Hubo masivos despidos en la administración pública y censura previa en los medios de comunicación. Intervino el congreso y las provincias
Uriburu, “el nacionalista”, interviene YPF, separa a Mosconi de la presidencia y le inicia un sumario. Posteriormente le “aconseja” que se aleje del país, donde al poco tiempo fallece afectado por estos sucesos. El nuevo ministro del Interior, el Dr. Matías Sánchez Sorondo es abogado de la Standard Oíl. Sin palabras.

La universidad es intervenida, los reformistas expulsados en masa. Ahora recuerdan las ventajas de los gobiernos democráticos. Tarde.
¿Que sucede mientras tanto con Yrigoyen? Es conminado a entregar su renuncia por escrito en un regimiento de La Plata. Deprimido y muy enfermo se dirige hasta allí donde queda detenido. Su casa de la calle Brasil es quemada y saqueada al igual que el diario La Epoca y varios comités radicales. A la otra mañana llega la orden de ponerlo en libertad, solo y con mucha fiebre atina a decir: “Si me permiten, me quedo aquí. Estoy enfermo y no tengo donde ir….” (Felix Luna “Yrigoyen” pp452)
Lo que sigue es solo una prueba más de la baja moral de Uriburu y su séquito. Ante la noticia de supuestos levantamientos radicales, se manda a detener al presidente legitimo y se insiste que ante cualquier intento será fusilado inmediatamente. Se lo confina incomunicado a un buque, el “Belgrano”, durante dos semanas apenas dejan que lo visite su sobrino. Esta débil, se marea fácilmente y el aislamiento baja su moral. “El 26 sufre un ataque cardíaco. Su sobrino solicita que se le permita llevar a un medico de confianza para que lo revise. Se accede al pedido y el Doctor José Landa lo examina hallándole con mucha fatiga y amenazas de uriopcemia. El gobierno de facto envía entonces a dos médicos militares para que verifiquen el estado del enfermo como si se tratara de un soldadito que quiere ventajear una licencia por enfermedad! (Felix Luna “Yrigoyen” pp

457.)
Comienza entonces un perverso juego: a cada rato lo cambian de barco. Lo confinan en un barco más chico, más incómodo y que se mueve más en las aguas. Un ex senador radical, Armando G. Antille lo patrocina. En el mismo buque comienzan las indagatorias. Cuando le presentan al fiscal Yrigoyen dice

– ” ¿Así que usted es el que me acusa?

– Yo no lo acuso: simplemente denuncio supuestos delitos- se disculpa el fiscal.

Se sientan solos. Empieza a labrarse el acta. se formulan las preguntas sacramentales:

– ¿nombre?

Yrigoyen queda callado mirando al magistrado…” (Felix Luna “Yrigoyen” pp460)
Finalmente será confinado en la Isla Martín García. El clima, tórrido en verano y frío en invierno no lo ayudará mucho, lo mismo la escasa limpieza y la existencia de ratas, cucarachas etc. Tiempo después arrestan a su abogado, Yrigoyen para no implicar a otra persona en su calvario asume personalmente la defensa, la que pasará a tener un línea de argumentación claramente política, escrita hacia al futuro, más que a quiénes lo estaban juzgando, casi un testamento político.
Las cárceles mientras tanto se llenan de radicales, y el gobierno agrega una vergüenza más a su larga lista, aplicando salvajes torturas a los presos, fusilamientos y deportaciones. Una conspiración es descubierta y sus mentores enviados a Usuahia.
El gobierno de Uriburu no se extenderá demasiado. La intención de reformar la constitución al estilo italiano, es resistida por el Gral. Justo y por los sectores tradicionales de la oligarquía, todos ellos liberales.
El presidente de facto, cada vez más solo, necesita un golpe de efecto que lo ayude a sostenerse y le de oxigeno político para sus planes corporativos. Creyendo que el consenso de la oligarquía y algunos militares expresaban la realidad del momento y convencido del efecto producido en la población por el “desquicio yrigoyenista”, el nuevo régimen comete un error fatal, llama a elecciones para gobernador de la provincia de Buenos Aires.
Una vez más el radicalismo, cual ave Fénix comienza lentamente a renacer de sus cenizas. La reorganización comenzó. La Juventud Radical es la punta de lanza de este movimiento.
Los municipios, la policía toda la administración fue cedida a los conservadores, que además ya tenían su formula en la calle. El radicalismo, en menos de un mes nomina la formula Honorio Pueyrredon-Mario Guido, abre comités, sale a la calle y el 5 de abril 1931 consigue 218.000 votos aproximadamente contra 187.000 aproximadamente. de los

conservadores.
Como evidentemente correspondía a estos aprendices de dictador, luego de varios cabildeos, se anulan dichas elecciones y otras que estaban llamadas a realizarse, se suspenden indefinidamente.
Alvear, nuevamente al frente del radicalismo
La UCR en tanto encontrará en el repatriado Marcelo T. de Alvear a su conductor. Alvear a pesar de seguir siempre en las “medias tintas” estuvo a la altura de su responsabilidad, aglutino alrededor a todos los radicales, sin distinciones internas, aunque sus tendencias conciliadoras deben ser consideradas hoy día en forma critica. Félix Luna en el prologo de su libro “Alvear” dice:
“Alvear solo hizo política en serio durante los últimos diez años de su vida. Cuando le llegó ese momento, dejó atrás todo lo que había constituido la parte más grata de su existencia, para asumir, como una piel nueva, una personalidad rigurosa de hombre político. Pero hay que aclararlo: ni siquiera esa sincera consagración lo salvó de equivocarse, porque su mentalidad estaba aprisionada por limitaciones que jamás pudo salvar.”
Luego de otro levantamiento radical, se aprovecha la ocasión y se encarcela y exilia a la cúpula del radicalismo, a los principales dirigentes provinciales y a cuanto militante se encuentre. Alvear continuara su tarea desde Brasil. En el país Adolfo Guemes se encargara de la reorganización, en tanto Ricardo Rojas se convertirá en un importante puntal de la intransingencia radical.
El régimen llama a elecciones, nomina al Gral. Justo como candidato e intenta influir en la formula radical, colocando en esta a un radical antipersonalista blando. La UCR se niega y nomina la formula Alvear-Guemes que es inmediatamente proscripta. El radicalismo decreta la abstención. En otra fraudulenta jornada es electo presidente Agustín Justo y vice Julio Roca (h). A partir de ese momento el radicalismo vuelve a la abstención, la que se levantará en 1935.
Los socialistas con su presencia legitiman la elección. Sorprendentemente se alían a Lisandro de la Torre, hasta hace poco el candidato de Uriburu, manifiesta en la campaña (como lo recupera Furman) “… nosotros venimos en verdad a salvar la revolución, (…) venimos a encauzarla. ¿Quién que no sea un insensato, pretendería restaurar el régimen depuesto?

Al poco tiempo de delegado el mando, Uriburu, muere en la oscuridad merecida. Hoy su nombre ha quedado cubierto de un piadoso manto de olvido, lo mismo que su revolución.
Justo, 1932-1938
Este gobierno, quedará en la historia por haber escrito uno de los capítulos más vergonzantes que la historia de la república recuerde: el llamado pacto Roca-Runciman. Pero también carga sobre sus espaldas con muchas muertes de militantes radicales, que no solo han quedado impunes, sino que ademas fueron instigadas por integrantes del gobierno. Pocas veces podrá Justo salir mostrarse en publico, ya que los chiflidos serán acompañantes inseparables durante toda su gestión.
El Pacto Roca-Runciman.
En 1932 Gran Bretaña convoca en Canadá a la Conferencia Imperial de Otawa, las actas firmadas allí, perjudican directamente al comercio argentino. Una misión, encabezada por el vicepresidente Roca (h) firma con los ingleses el famoso pacto, conocido luego como Roca-Runciman, uno de los capítulos más vergonzosos de nuestra historia. La Argentina aceptaba las condiciones más humillantes, la desesperación de la oligarquía no llevaba a integrarnos al imperio como una colonia devaluada. “En una palabra, por si no tuvieramos poco con la crisis de legitimidad y la dependencia, estos señores nos sumaban la crisis de identidad” (Furman)

Lisandro de la Torre diría al respecto: “… no podría decirse que la Argentina se haya convertido en un dominio britanico, porque Inglaterra no se toma la libertad de imponer a los dominios britanicos semejantes humillaciones.” (Alberto Ciria Los Partidos Politicos en la Argentina pp.42)
La revolución radical de 1933
No hace falta agregar que el fraude y la violencia caracterizaban cuanto comicio se realizara, en especial podemos nombrar al gobernador de Buenos Aires, Manuel Fresco, quien se convirtió en un experto en estas técnicas. El clima de violencia crecía peligrosamente, comienza una serie de asesinatos politicos: el socialista Guevara, el radical Lascano y el más conocido, el senador Enzo Bordabehere, muerto en el mismo recinto.
En 1933 una nueva revolución radical, mejor organizada, pero descubierta a tiempo. Atilio Cattaneo es el ideólogo, pero lo acompañan en todo el país numerosos militantes. Gregorio Pomar y Severo Toranzo son solo algunos de ellos. La represión es salvaje y se aprovecha la volteada 0para encarcelar nuevamente a los dirigentes radicales, que estaban reorganizando nuevamente el partido. Nadie se salva ni Yrigoyen, ni Alvear, todos presos al barco. Posteriormente a Martín García, de allí, Alvear al exilio, mientras que Pueyrredon, Guido, Guemes, Rojas, Cantilo, O’farrel, Mosca y otros, casi treinta, van a parar a Usuahia. Se habla de más de cuatro mil radicales presos.
La reclusión en Usuahia de los principales dirigentes radicales tiene ribetes increíbles, heroicos, románticos, dramáticos y humorísticos. Entre el frío, la soledad y el aislamiento “Cuando los visitantes hablan de Justo, dicen todos “la puta que lo parió” con verdadera convicción, y Guemes que esta enfermo en la otra pieza grita: ¿Qué es eso? -Nada doctor, se están acordando de Justo… Que lo parió.. dice Guemes en adhesión tardía pero segura.”

11- ULTIMOS DIAS DE YRIGOYEN

Luego de que su estado empeoró, Yrigoyen es autorizado a volver a su domicilio. Algunos especialistas quieren operarlo, pero una mejoría los hace cambiar de idea. “Pero los años son mucho, los trabajos han sido duros, las penas son hondas y dejan huella. pocos lo creen, pero Yrigoyen lo sabe; se esta muriendo. Había sabido de la lucha y del triunfo, del poder y de la gloria; ahora sabía del dolor: su parábola vital estaba plenamente cumplida. Podía morirse. (…) En los últimos de junio el intenso frío le provoca una bronconeumonía que al principio no parece revestir gravedad. pero él sabe que no podrá sobrevivir. En realidad, el mal que lo aqueja es mucho más grave, es un mal implacable e incurable que ahora hace crisis. -Como me va a encontrar el señor, destrozado, cuando me acoja en su seno.- le dice al doctor Abalos

(…) El 30 lo visita Alvear (…) El día 2 de julio un sacerdote (…)lo confiesa y le administra la eucaristía.

El lunes 3 a la mañana, fray Alvaro le impone la extremaunción (…) La casa esta llena de gente. En la calle comienzan a aglomerarse nutridos grupos. (…) Poco después, entra en agonía, serenamente, suavemente.
Que de imágenes, que fugaces recuerdos, que espejantes visiones desfilarían por su espíritu, ya copado por la fiebre y debilitado por la fatiga! Eran cosas viejas y cosas de ahora, fantasmas de un pasado lejanísimo, tan lejano que podía pertenecer a otra vida.
(…) Se moría Yrigoyen. Y mientras el rumor de la multitud congregada en suspendido recogimiento frente a la casa humilde bajo el persistente orvallo invernal llegaba apenas a su celda monástica, se le abrían al agonizante visiones de Patria en el trasfondo desvaído de su alucinación. Desfilaban visiones. Los viejos amigos. Los que se fueron. Los que quedaban. Se iba muriendo calladamente. (…)
Se apagó serenamente, como un cirio que deja de arder. Eran las siete y veinte de la tarde. Un gran sollozo sacudió al país. El viejo había muerto” FL “Y” 523-524
“Un ciudadano salió al balcón y ante la multitud expectante, anunció: “Yrigoyen ha muerto!”. Con lagrimas en los ojos, la multitud respondió de inmediato “Viva Yrigoyen!” y cantó el Himno Nacional. La familia rechazó los honores oficiales.

El desfile ante el cadáver duró sesenta horas. En un momento pareció correr peligro la estabilidad de la casa. Llena por dentro hasta el apiñamiento, los más jóvenes trepaban por el frente para llegar al piso alto donde esta el féretro. (…) Recién a la una de la mañana alcanzamos a entrar a la casa mortuoria. En la sala estaba el estado mayor del radicalismo, destacándose la figura de los doctores Alvear y Guemes. (…) Al cabo pudimos colocarnos en la hilera hacia la pequeña habitación del velatorio. Ahí estaba el prócer yacente. Como mortaja, el habito de los dominicos que Fray Alvarez, el gran amigo, ofreció a la familia. El rostro de estampa, perfilado por la muerte. Su hija Elena, reclinada sobre el féretro, con su pañuelo permanentemente en los ojos.
De pronto debimos pararnos. Lentamente como en un rito, un hombre humilde, sacó su violín de la caja y tocó una suerte de melopea desafinada pero lacerante. Era su homenaje. Tal vez lo único que él tenía para ofrecer, era ese mal sonar de su violín. (…)
Jamás vio Buenos Aires una manifestación pública de esa importancia. El gobierno había decidido mezquinamente no acordar asueto escolar ni administrativo, amenazando con despido a los empleados y doble falta a los alumnos ausentes a las clases. Medio millón fue la respuesta.” Testimonio de Gabriel del Mazo)
“Miles de argentinos venían a velarlo, desde las selvas boreales, desde las montañas cuyanas, desde los valles norteños, desde las pampas bonaerenses. Oyhanarte, su hijo casi, regresaba del exilio para dejarse tomar preso con la condición de que le dejaran asistir al entierro.” Felix Luna “Yrigoyen ” pp. 525
“Habrá que esperar al sepelio de Carlos Gardel para conseguir ver reunida una multitud semejante” Alberto Ciria pp. 67
PERFIL
HIPOLITO YRIGOYEN
A la personalidad de Yrigoyen, a su vida, su acción política, sus pasiones, ya nos hemos aproximado paralelamente con la evolución de su obra: la Unión Cívica Radical. Pocas cosas quedan entonces por agregar, quizás algunas últimas apreciaciones de quiénes lo conocieron o han investigado en profundidad sobre su vida.
“Todavía lo yrigoyeneano es una realidad; estilo de lucha y de gobierno: modo de vivir y convivir. (…) Yrigoyen vive como viven los personajes cuyo quehacer no lo fue para un momento sino para siempre. (..) Sin vivir, protegen y defienden a los suyos: muertos son bandera y reducto. (…) Fue, en verdad, un hombre entero, cabal, realizado genuinamente.” Felix Luna “Yrigoyen” Pagina final

La segunda muerte de Yrigoyen
Ante la falta de garantías de todo tipo que rodeaban los comicios, la Convención Nacional había decretado la abstención, los sectores yrigoyenistas plantaban que la abstención sin revolución era inútil, el mismo Yrigoyen le recomienda a Alvear que realize una “gran revolución”.
Sin embargo la tentación electoralista pudo más. Con Alvear a la cabeza el radicalismo comienza a rever su postura. La convención decide presentarse a elecciones, se oponen muchos delegados encabezados por Rojas y Guemes, pero no les alcanza. “En 1933 murió Yrigoyen. En 1935 habría de morir -o adormecerse- su espíritu en el radicalismo.” (Felix Luna, “Alvear”, pp 142.)
Las primeras elecciones representan un triunfo para la UCR, que alcanza la gobernación de Entre ríos. Donde los comicios se desarrollan más o menos legalmente, la UCR alcanza el triunfo. En cambio, la Pcia de Buenos Aires, sigue siendo tierra de fraude y violencia y por consecuencia, bastión conservador. En Córdoba, luego de un arduo proceso de renovación, el Dr Amadeo Sabattini llega a la gobernación.
La posición opositora de Alvear seguía navegando en medias tintas, su mayor firmeza se observaba hacia sus adversarios internos. Esta posición blanda levantó voces contrarias dentro del partido, en especial desde FORJA y el llamado “Bloque opositor”.
Con el partido bajo su ala, Alvear se prepara para las elecciones presidenciales, teniendo en cuenta el comportamiento del gobierno de Justo, era realmente ingenuo esperar elecciones limpias. La Convención designa la formula Alvear-Mosca. La Concordancia, el partido de Justo, propone a Roberto Ortiz como presidente y a Ramón Castillo como vice. El resultado es cantado, y es una muestra de lo desacertado de levantar la abstención.
Ortiz, 1938-1940
Con la llegada de Roberto Ortiz a la presidencia, pareció encenderse una pequeña esperanza, este intento variar el rumbo impuesto por los anteriores gobiernos y comenzar con un lento retorno a la normalización institucional. Sin embargo, un recrudecimiento de una vieja enfermedad, era diabetico, lo dejo practicamente ciego primero y luego ya en grave estado debe dejar la primera magistratura a su vicepresidente Ramon Castillo.
Castillo, 1940-1943
Castillo era un conservador clasico, bajo su gobierno retornaron los peores vicios del regimen, fraude, violencia física y corrupción administrativa, por otra parte, gran parte de su ilegitimo mandato, se realizó bajo estado de sitio.
En 1940, Federico Pinedo, ministro de economía presenta un plan economico, posteriormente popularizado como “Plan Pinedo” que planteaba cambios en la linea tradicional de los gobiernos oligarquicos: en primer lugar propone una nueva alineación exterior, junto a Estados Unidos en detrimento de Inglaterra y ademas propone medidas de auspicio a la incipiente industrialización. Este plan nunca llega a aplicarse por las presiones de los sectores tradicionales ligados a la exportacion de productos agricola-ganaderos al mercado internacional.
En tanto la UCR se encontraba en una severa crisis, mientras que en algunas provincias se presentaba a elecciones (y perdía), en otras se abstenía, surgían fuertes críticas a la conducción de un ya anciano Alvear (71 años) a la que se veía erratica y demasiado propensa al dialogo con el régimen. La derrota electoral en la capital fue la gota que rebalso el vaso, pero ya Alvear no podia tomar las riendas del partido, su salud estaba definitivamente quebrada. El 22 de Marzo de 1942 muere Alvear. El partido sin conductor profundiza su crisis, “Pero también la desaparición de Alvear permitía la liberación de muchos radicales de sus vinculaciones sentimentales o amistosas con una orientación que repudiaban, pero que hubieron de acatar por lealtad al jefe”
Ese mismo año muere Ortiz y en el 43 desaparece Justo, significativamente su certificado de defunción califica la muerte por “reblandecimiento cerebral”.
El fin de este régimen comienza con el proceso de sucesión presidencial, el candidato “oficial”, Robustiano Patron Costas era considerado mas de lo mismo, ligado a las oligarquias provinciales y la compania petrolera Standart Oil. Dentro del ejercito, el GOU (Grupo de Oficiales Unidos) un grupo, al que podemos denominar con fines de encasillamiento como “nacionalistas” era el principal motor de la conspiración. Dentro de este grupo se encontraba participando activamente al entonces coronel Juan D. Perón.

Sin embargo los grupos conspiradores eran muy heterogeneos, la situación internacional a su vez aportaba nuevos motivos de disputa, proaliados, neutrales o proeje.
La fecha elegida fue el 4 de Junio de 1943, ese día renuncia Castillo y con él finaliza la Decada Infame.
PERFIL
MARCELO T. DE ALVEAR
En las páginas anteriores quedaron delineadas las caracteristicas de la personalidad de Alvear, como también las de su actividad política. Sin duda pocos personajes despiertan aun hoy en el partido radical las controversias que Alvear produce. Lo que es seguro que muchas de los comportamientos actuales de la UCR y su dirigencia estan marcados por el estilo que Don Marcelo le supo imprimir al partido.
Su militancia dentro de la UCR comienza muy joven, primero cerca de Alem, luego de Yrigoyen, participa de revueltas, gbiernos y exilios. Sin embargo, dentro de su vida política podemos encontrar dos momentos cumbres y diferentes, el primero cuando ejerció la presidencia de la nación y el segundo cuando rertorno del exilio para hacerse cargo de la presidencia del partido. “Nunca había sido hombre de partido. Empezó a actuar en política cuarenta años antes – ya Cuarenta años- con el mismo espiritu deportivo con que hacía box con Jorge Newbery o tiraba al blanco con Cesar Viale. () Era muchas cosas y también un político. Lo era, como también podía ser deportista, o “gourmet”, o aficionado a la música, o turista.
Después, los tiempos y el triunfo de su partido lo fueron encumbrando a posiciones destacadas : Diputado nacional, ministro en Paris, delegado a la Asamblea de Ginebra. luego presidente de la Nación.
Pero no era un hombre de partido. No era un hombre de pueblo. Por persistir en su decisión de no serlo había cometido los más grandes errores de su presidencia.
¿Cuál era el verdadero Alvear?¿Cuál era el rostro, cuál era la mascara?. Pero ¿es que alguien puede descifrar este misterio en cualquier hombre? Probablemente su ser estaba nutrido de una constante agonía, urgido por dos personalidades totalmente distintas que sólo pudo sintetizar su extraordinaria calidad humana. Porque esto salvó muchas veces a Alvear: su condición de hombre entero. ()… El pueblo sabía todo esto, y por eso lo despidio con su afecto numeroso. Cuando lo sacaron de la Casa Rosada en una cureña y rodeado de granaderos, el pueblo lo rescato de la liturgia funeraria oficial y se lo llevo en brazos. No fue un entierrp silencioso. La multitud gritaba, cantaba, rugía las consignas de su repudio contra el gobierno fraudulento. Hubo de cargar la policía y el feretro se rajo en alguna caída. Pero todo eso estaba bien. Alvear no podía irse sin sentir el aliento fragoroso de su gente, los sablazos, el tumulto, las puteadas… Estaba bien.
Un jefe como él, ni siquiera tiene el derecho de irse al sepulcro con tranquilidad. ”
Otra época terminaba para la UCR.
Algunas consideraciones metodologicas previas
Hasta este momento intentamos una historia bastante detallada del radicalismo, producto de una desición previa: es en esta parte de su proceso historico donde se deben buscar las claves para comprender la otra parte de su devenir. La segunda mitad del siglo ya es mucho más conocida y esta signada fundamentalmente alrededor de la figura de Juan Domingo Perón y el movimiento que se articulara en torno a este. Esta parte de la historia, como decimos, más conocida, nos permite alejarnos de los detalles puntuales, y por lo tanto hacer el relato más (imperdonablemente) rápido. En esta segunda parte nos dedicaremos algunas discusiones y a algunos hechos, no quisieramos decir los más importantes, quizas los más simbólicos, lo que no no implica un desconocimiento ni una subvaloración de aquellos no mencionados en este trabajo.

12- 1943, ORIGENES DEL PERONISMO

Luego de la precipitada renuncia de Castillo y cuando la triunfante “revolución” debía hacerse cargo del gobierno, comenzaron a sucederse los primeros disensos internos, a lo cual no era ajeno, el posicionamiento de sus miembros con respecto al escenario internacional.

El Gral. Rawson no llega a nombrar a su gabinete, por la presión de los oficiales más jóvenes cuyas posiciones se acercaban a las del eje, asume la presidencia el Gral. Pedro Pablo Ramírez, ex ministro de guerra de Castillo. La orientación de este gobierno no era obviamente ni radical ni conservador, se aproximaba a un nacionalismo autoritario, aunque nombró en importantes cargo a viejos hombres de la oligarquía.

El 27 de Enero de ese año es creada la Secretaría de Trabajo y Previsión y es designado a su frente al Coronel Perón. Desde ahí constituiría pacientemente, como un orfebre de la política, las lealtades que lo catapultaran a la primera magistratura de la Nación. La historia es conocida, el ascenso de Perón con sus tres cargos, la crisis militar, el posterior arresto y la plaza llena el 17 de Octubre.

Lo ocurrido durante octubre de 1945, es un fenómeno que aun hoy en día abre polémicas, sentimientos encontrados, evocaciones mas o menos románticas, explicaciones sociológicas, históricas, políticas etc.; lo que sin duda sucedió fue, una división profunda en el seno de la sociedad, una división como nunca antes o después volvería a ocurrir, uniendo enemigos irreconciliables y rompiendo lealtades históricas, tan antiguas como el país mismo.

Las jornadas del 17 de octubre marcaron el fin de una Argentina, el país afronta entonces, el inicio de otra etapa, donde hará su irrupción un actor, hasta ese momento, marginado de la escena política: la clase obrera.

Luego de la rápida recomposición de Perón, el ascenso de Farrel y el llamado a elecciones para 1946.

En tanto los partidos políticos seguían prohibidos, la prensa censurada y muchos dirigentes presos. La oposición a Perón era muy numerosa, se lo asimilaba a los gobiernos autoritarios europeos. Dado que existía un vacío en la campaña opositora, en la que el encarcelamiento y persecución por parte del gobierno tuvo mucho que ver, algunas organizaciones no tradicionales tomaron la posta de la oposición : por ejemplo, los universitarios.

Los estudiantes y Perón

A traves de las conflictivas relaciones entre ellos intentaremos ejemplificar el apasionamiento y la dimensión del enfrentamiento entre peronistas y antiperonistas. Como decíamos anteriormente, este enfrentamiento tomo variadas formas, en las que no nos detendremos.

Los estudiantes universitarios, la FUA, la FUBA y los centros de estudiantes, en abrumadora mayoría se volcaron por el antiperonismo, desde bastante antes del 17 de octubre, siendo uno de los puntales de la oposición política, expresada en una importante capacidad de movilización y agitación.

La oposición a Perón había comenzado bastante antes del 17 de octubre, el golpe de estado del 4 de Junio de 1943, que derribara el gobierno fraudulento de Castillo, es duramente cuestionado por los universitarios, en un comienzo, por su carácter antidemocrático e ilegal, pero prontamente otros hechos se sumaran a este ultimo, por ejemplo, la clara orientación pro alemana que seguía su política exterior.

Perón, a quien se ve como uno de los hombres fuertes del gobierno y como inspirador del GOU (sigla que identifica al Grupo de Oficiales Unidos, que agrupa a un número importante de militares en actividad, admiradores de los regímenes autoritarios europeos y un factor de poder importante del nuevo gobierno), es identificado por la oposición política y en especial por la comunidad universitaria como responsable de esta orientación.

En consecuencia el movimiento estudiantil caracterizará al peronismo, dentro de la contradicción democracia-fascismo, como un exponente característico de este ultimo, un análisis demasiado lineal que le impedirá comprender un proceso de características mucho más complejas

Otro hecho que enervará los ánimos de los universitarios, fue la nefasta intervención que sufrirán las universidades, generalmente a cargo de elementos nacionalistas dispuestos esta vez, no solo a reimplantar el orden, sino siguiendo el modelo autoritario europeo, para utilizarla abiertamente al servicio del estado en su cruzada por despertar la conciencia nacional, traduciendose esto en el despido de numerosos profesores y la persecución de los estudiantes militantes.

Un buen ejemplo de esto ultimo es la designación de Jordán Bruno Genta al frente de la Universidad del Litoral, quien como resultado de su gestión genero una situación caótica, fruto de conflictos con profesores, estudiantes, colegios profesionales, llegando al límite de peligrar las clases por la cantidad de alumnos suspendidos y expulsados.

En la Universidad de Buenos Aires, a pesar de ser mas leve, no fue muy distinto, como resultado de un manifiesto firmado por destacados miembros de la comunidad universitaria, donde se solicitaba un pronto regreso a a un régimen democrático y constitucional, el presidente Ramirez ordena el inmediato despido de los firmantes (entre ellos el Dr. Bernardo Houssay), orden cumplida por las autoridades universitarias, la UBA, aun no intervenida y en un intento de esquivar una demasiado anunciada intervención, que de todos modos se concretaría prontamente, en la figura del Dr. Tomas Casares, primero, luego reemplazado por el Dr. David Arias producto de una crisis en el gobierno.

Estas crisis, íntimamente relacionadas con el contexto internacional, en especial con la ya inevitable victoria de los aliados, produjeron sucesivos cambios dentro del gobierno (incluso el cambio de presidente, donde el Gral Farrell sucede a Ramírez y Perón asume la vicepresidencia), esto significo también constantes movimientos dentro del Ministerio de Educación y en consecuencia dentro de la intervenida Universidad de Buenos Aires.

Finalmente a comienzos de 1945 en el marco de una redefinición política por el resultado de la guerra y buscando acabar con el aislamiento externo e interno que sufría el gobierno, comienza el proceso que desembocará en elecciones generales, en tanto el presidente Farrell junto a su vicepresidente Perón deciden normalizar las Universidades, en un tácito reconocimiento del fracaso de la política universitaria llevada a cabo hasta ese momento.

Como corolario de este proceso la UBA designa por medio de su asamblea universitaria al Dr. Horacio Rivarola como rector. Lejos estaba de ocurrir que por el retorno a la normalidad en la universidad, las aguas se aquieten, por el contrario “Nunca como en 1945 la universidad se colocó en unánime posición militante. Organo de esa militancia eran, junto al movimiento estudiantil que surgía nuevamente a la luz, Los Consejos Directivos, el Consejo Superior y las Conferencias de Rectores”

Los centros de estudiantes participaron activamente en el conglomerado opositor a Perón, tanto en la campaña electoral, a favor de la Unión Democrática, como en agitar el clima político y participar en todo intento por derrocar el gobierno, al que ellos llamaban “la tiranía”. Siendo protagonistas en la llamada marcha de la Constitución y la Libertad, el mas importante evento de la oposición al gobierno militar. El grado de trascendencia de las organizaciones estudiantiles lleva a Alberto Ciria a afirmar que “… fue en FUBA donde se gesto la Unión Democrática…”

Como consecuencia de un fallido intento de golpe por parte de algunos militares, que contaban con amplios apoyos entre los sectores políticos, son encarcelados numerosos opositores, entre ellos consejeros universitarios, profesores y estudiantes. El 28 de septiembre de ese año. el Consejo Superior de la Universidad resuelve suspender las actividades docentes, los estudiantes, junto a los docentes ocupan las facultades y se encierran en ellas en actitud de protesta; las intimaciones de parte del gobierno no se hacen esperar y luego de tensas negociaciones el Consejo Superior de la Universidad de Buenos Aires, reunido el 4 de octubre decide ratificar la medida.

Los sucesos del 5 de octubre (que comienzan el 2 y que continuaron durante algunos días mas) no han quedado inmortalizados, como la Noche de los Bastones Largos, pero en ellos encontramos algunos de los elementos que años mas tarde caracterizarían uno de los episodios más salvajes de la historia argentina.

Estas movilizaciones cuestan la vida a varios estudiantes y obligan a Perón a dirigirse en forma radial a los estudiantes, discurso que solo termina agrandando, aun más, la brecha existente entre estos últimos y Perón, preanunciando las luctuosas jornadas de octubre.

Las fuentes mencionan cerca de 1500 estudiantes detenidos, algunos investigadores hablan de casi 3000, pero para situarnos en los momentos posteriores a la irrupción policial en las facultades, esta descripción, realizada por Félix Luna, muestra en su verdadera dimensión, la magnitud de los acontecimientos: “Las cárceles que iban desocupándose de políticos, empresarios y figuras representativas detenidas una semana antes, ahora se llenaban con estudiantes: en Buenos Aires hubo que soltar a los yiros y mecheras del Buen Pastor para que pudieran entrar las muchachas detenidas en las facultades … Esa tarde, un par de centenares de damas que se proclamaron madres, hermanas, novias de los estudiantes presos, hizo un a silenciosa concentración frente a la casa rosada; fueron corridas con gases lacrimógenos…”

Coincidiendo con los historiadores que posteriormente estudiaron los sucesos, los propios protagonistas de estos, tomaban conciencia de la unidad que produjo en los universitarios la reacción frente a “la tiranía”, desde las castas mas retrogradas de profesores hasta los estudiantes mas radicalizados, unidos por motivos mayormente extrauniversitarios, que hicieron olvidar por un buen tiempo las diferencias que desde añares sostenían puertas adentro.

Los hechos ocurridos ese 17 de octubre son ampliamente conocidos como para detallarlos nuevamente, en el movimiento estudiantil las cosas no variaron, los universitarios reforzaron su posición antiperonista, no solo por lo que significaba la ratificación de Perón para la universidad reformista, sino por motivos políticos y filosóficos más amplios.

Desde el punto de vista estudiantil, la combinación demagogia-apoyo popular, terminó de confirmar los temores sobre la concreción de un fenómeno autoritario al estilo europeo.

El tablero de la Argentina estaba cambiando, a pesar de muchos, sin que otros se diesen cuenta pero “Sin embargo no alcanzamos a dudar. Simplemente pensamos que era una lastima tanta gente buena defendiendo una mala causa…()…algo estaba pasando en el país. Pero como no entendimos que era, exactamente, lo que pasaba, nos quedamos mirando sobradamente desde la vereda. Así diez años más.”

Que algunas de las consignas de los obreros en la plaza hayan sido “alpargatas, sí, libros, no y “Haga patria mate un estudiante” los conmocionan especialmente, pero no es que los obreros atacaban a los universitarios por su misma condición, sino que veían en ellos el reducto de los enemigos, la propaganda oficialista y la acción de la universidad junto a la oposición, reafirmaba esta visión.

Luego del 17 de octubre la participación de los universitarios en la campaña de la oposición, sobre todo en vistas de la próxima elección, se acentuó. El triunfo de Perón en la elecciones de 1946 fue un impacto que los estudiantes tardaron en asumir, en cambio Perón no se olvidaría fácilmente de estos muchachos que durante varios años complicaron en demasía sus planes políticos.

Para Perón la Universidad ya no era un problema de características ideológicas, sino estrictamente político, se debía retornar la paz a los claustros, Peron quería que la política desaparezca de la universidad.

Dos fueron los caminos que se tomaron frente a los estudiantes, por un lado se redujo la participación estudiantil en los consejos y se le retiro el voto (Ley 13.031), por otra parte se creo una agrupación oficialista llamada la CGU (Confederación General Universitaria), que era la única reconocida por el gobierno y posteriormente solo los afiliados a ella podían ser electos consejeros. (art. 49, ley 14297/54).

En cada facultad se aplicaron además medidas particulares tomando en cuenta el grado de actividad estudiantil, el nivel de organización de los centros de estudiantes etc., en consecuencia la situación de Ingeniería ameritaría medidas particulares.

Quizas este breve relato pueda servir de postal de aquellos tiempos, de sus participantes, sus pasiones y odios, pero sobre todo la sensación que la curva vital de la política argentina volvía a marcar su máxima potencia, la política volvía al pueblo y viceversa

REVOLUCIÓN RADICAL DEL 4 DE FEBRERO DE 1905

Manifiesto

LA UNION CIVICA RADICAL AL PUEBLO DE LA REPUBLICA

Ante la evidencia de una insólita regresión que, después de 25 años de transgresiones a todas las instituciones morales, políticas y administrativas, amenaza retardar indefinidamente el restablecimiento de la vida nacional; ante la ineficacia comprobada de la labor cívica electoral, porque la lucha es la opinión contra gobiernos rebeldes alzados sobre las leyes y respetos públicos; y cuando no hay en la visión nacional ninguna esperanza de reacción espontánea, ni posibilidad de alcanzar normalmente, es sagrado deber de patriotismo ejercitar el supremo recurso de la protesta armada a que han acudido casi todos los pueblos del mundo en el continuo batallar por la reparación de sus males y el respeto de sus derechos.

Sustanciar aquí las causas que determinan esta suprema resolución; sería suponer que la Nación no está compenetrada de ellas.

Son tan profundas que, si no han tronchado su porvenir, han malogrado al menos su vitalidad en uno de los períodos de mayor actividad y de más franca expansión.

La moral y el carácter, esos atributos con que Dios ha iluminado el Universo, revelando al hombre que sobre su frente lleva un rayo de divinidad, parece que no inspiran ni fortifican el espíritu de la Nación, cuando los gobernantes pueden inferirle los agravios que es penoso constatar una vez más, al reproducir el esfuerzo reivindicatorio.

Difamada la República en todos los centros del mundo, el descrédito seguirá latente y pasará a los anales de su vida, sin que sea dado precisar cuánto daño le habría ocasionado, ni cuando retornará a la plena seguridad de su prestigio.

Agotada y perturbada durante el mejor desarrollo de sus energías, ya no recuperará la vida perdida, cualquiera que sea el acrecentamiento futuro. Desmoronado íntegramente su organismo político, será obra premiosa del concurso y de la solidaridad nacional, levantarlo en todo su imperio, renovando e inculcando la enseñanza de sus principios y acentuándolo en los hechos por su recta aplicación y funcionamiento.

Es esta una severa lección para no consentir las desviaciones de los gobiernos, dejándolas impunes, porque se hacen irreparables y asumen el carácter de responsabilidades colectivas, infiriendo a la sociedad males que no debió sufrir o privándola de beneficios que debió alcanzar.

Todo ha sido conculcado desde su cimiento hasta su más alta garantía. El sufragio, condición indispensable de la representación electiva, ha sido falseado primeramente y simulando por fin, con intermitencias de sangrientas imposiciones.

La vida comunal, la más directa demostración de las libertades públicas, la primera escuela político-social, y una de las bases de nuestra organización, ha sido sucesiva e implacablemente menoscabada en su prestigio y en su eficiencia, hasta quedar suprimida, aún en esta Capital, centro de gloriosas conquistas humanas por ley fundada en la agraviante ironía de su notoria incapacidad de practicarla.

Mediante un sistema de punibles irregularidades, las provincias han sido convertidas en meras dependencias administrativas. Los gobernadores invisten y ejercen la suma de los poderes, y a su vez se prosterna ante el Presidente de la República, quien por el hecho de serlo, adquiere prepotencia tan absoluta que todos, hasta el Congreso y las legislaturas, se someten incondicionalmente a su voluntad para afianzarse en el cargo que detentan, retomarlo si lo han perdido o conseguirlo si lo aspiran.

Las constituciones, para cuya revisión las sociedades bien dirigidas buscan las horas tranquilas y concurrentes de la opinión, has sido rehechas y deshechas al arbitrio de los gobernantes, no para ampliar los derechos o darles más garantías, sino para restringirlos o falsearlos, arrogándose mayores poderes y extendiendo sin necesidad el enorme personal administrativo. En cambio, no se han cumplido muchos de los más fecundos preceptos que ellas consagran, como medios conducentes y eficaces para la mejor legislación y el bienestar de los pueblos.

La verdad y la eficacia de la doctrina que tiene por base el gobierno del pueblo por el pueblo, reside en el grado de libertad con que la función electiva se realiza. Sin ésta no hay mandato sino usurpación audaz, y no existe vínculo le al alguno entre la autoridad y el pueblo que protesta. Las demás instituciones que se fundan en el hecho de esa representación y están destinadas a recibir su calor, quedan anuladas y mutiladas en su verdad y energía.

Desde la justicia y la Instrucciones, tan primordiales como fundamentales, hasta el ejército y las finanzas, todos los centros y ramas del gobierno están en el caos, acusando descensos moral, incompetencia y abandono de los más importantes intereses de la Patria. Las cátedras, las magistraturas, la dirección de los institutos científicos, la jefatura de las reparticiones y, en una palabra, todos los cargos públicos, se conceden a los cortesanos con prescindencia de integridad y de ilustración. La labor administrativa se traduce en obra inorgánico y destructora, en la contradicción permanente de las iniciativas m opuestas, mientras quedan sin solucionarse los grandes problemas del bienestar nacional.

En el derroche irresponsable y sin contralor, se ha disipado la riqueza del país con la cual estaríamos en condiciones de abordar con éxito, la ejecución de las obras públicas que la civilización impone. Gravita sobre el país, comprometiendo su presente, el peso de una deuda enorme, de inversión casi desconocida, que pasará a las generaciones futuras como herencia de una época de desorden y de corrupción administrativa. El presupuesto es ley de expoliación para el contribuyente, de aniquilamiento para la industrias, de traba para el comercio y de despilfarro para el gobierno. El pueblo ignora el destino real de las sumas arrancadas a su riqueza, en la forma de impuestos exorbitantes, porque el Congreso no cumple el deber de examinar las cuentas de la Administración, para hacer efectivas las responsabilidades emergentes de los gastos ilegales y de la malversación de los dineros públicos.

La población permanece casi estacionaria, siendo evidente que cuando menos, debiéramos constituir un Estado diez veces millonario, fuerte y laborioso, con personalidad respetada en el mundo trabajando en paz y libertad la grandeza de la Patria.

Tan absolutas son las absorciones del poder, que no existen leyes ni garantías seguras; y tan profunda es la depresión del carácter, que, dentro del régimen, no hay conciencia que resista, ni deber que no se abdique ante la voluntad del presidente o del gobernador.

El predominio de esa política egoísta y utilitaria, que mantiene sistemáticamente clausurado el camino de las actuaciones dignas, ha esterilizado las mejores fuerzas del carácter y de la inteligencia argentinas. Han sucumbido, las unas, en el esfuerzo de la lucha activa, en la protesta contra el régimen; se han rendido, otras, víctimas del descreimiento o falta de valor cívico, y se extinguen las más en el ostracismo de la vida pública, impedidas de prestar a la Nación el servicio de su patriotismo y de sus luces.

Hemos pasado por las más, graves inquietudes internacionales, que debiendo ser un accidente, han sido una preocupación de años para concluir desprestigiándonos en Sud América, y modificando la historia y la carta geográfica argentina.

La personalidad moral de la Nación, ha sido reducida. Debíamos haber asumido ya una significación doblemente importante en el escenario del mundo y estamos aún confundidos entre las Repúblicas subalternas e inorgánicas de América, expuestos a sufrir las consecuencias de las sociedades que por no desenvolverse paralelamente al deber y al progreso, se ven forzadas a buscar su regeneración en la crisis de dolorosas conmociones.

La inmoralidad trasciende del conjunto de la obra administrativa, y contadas serían las reparticiones públicas que, ante un rápido examen, pondrían al descubierto irregularidades de las más impúdicas. ¡Que sería si se practicara una investigación severa con ánimo de hacer justicia!

Todo esto es la obra de un régimen funesto que pesa ignominiosamente sobre la país, que domina el gobierno de las provincias y tiene a la cabeza al Presidente de la República, que, siendo el más alto representante de su voluntad, es también su omnipotencia salvadora. Por eso ha resistido hasta ahora los reiterados esfuerzos de la opinión.

Ante su predominio, todos los preceptos morales han sido escarnecidos, se han rendido los hombres y han claudicado los partidos. No ha quedado una frente prominente, una corporación austera, un centro altivo de enseñanza donde el espíritu público pueda acudir a recibir una sana idea o una justa inspiración.

No ha podido surgir en la República, un núcleo de hombres de Estado, representativos y caracterizados, tales como los que tuvo hasta que se inició la descomposición, porque, impedido el digno ejercicio de la vida pública, se ha hecho imposible que se formen con las virtudes, la autoridad y la experiencia que deben tener para constituir una garantía y una fuerza social.

Los partidos políticos son meras agrupaciones transitorias, sin consistencia en la opinión, sin principios ni propósitos de gobierno. Desprendidos los unos del régimen que domina al país, procedentes los otros de defecciones a la causa de su reparación, el anhelo común es la posesión de los puestos públicos. El tono de su propaganda se ajusta a la posibilidad de obtenerlos, a las promesas hechas o a las esperanzas desvanecidas, incurriendo en la incongruencia de las críticas y de los aplausos en la confusión de la protesta y de la alabanza por los mismos actos, y hacia los mismos hombres en igualdad de situaciones y procedimientos. La oposición pierde así sus condiciones esenciales para el bien público, se convierte en escuela perniciosa y perturbadora y en un exponente de la depresión general.

Se han anticipado los vicios y complicaciones de las sociedades viejas; la clase obrera desatendida hasta en las más justas peticiones, forma con su reclamos un elemento de perturbación económica y genera graves problemas, que el gobierno ha debido prever y resolver oportunamente; en el orden intelectual, se comprueba la ausencia de hombre de ciencia, jurisconsultos, oradores, y si existen, es para extinguirse en silencio, faltos de escenario y de estímulos; se han subvertido, en fin los conceptos de honor nacional, de dignidad personal, de cuanto hay de grande y de noble en las sociedades que conservan el culto por los ideales que ensanchan los horizontes de la existencia. En un ocaso, en el que cada día, la regeneración moral retrocede y se aleja.

Tal es, en conjunto, la intensidad del desastre, sin analizar sus múltiples subversiones. Es una vorágine, que ha llevado por delante todo lo que no ha tenido energías bastante para resistirla, causando estragos tan grandes, que el pensamiento no puede precisarlos y definirlos, aunque los abarque en la realidad de lo que está a su alcance.

Vivificados en todo el territorio por la fecundidad de una naturaleza exuberante en las distintas producciones del mundo; procedente de una cuna que nos enorgullecerá siempre, emancipados al empuje de los más heroicos sacrificios, generaciones sucesivas de eminentes ciudadanos, en medio de las angustias y de los esplendores de la lucha por la independencia y la organización, establecieron para presidir la sociedad argentina los adelantos de la civilización moderna y los principios más avanzados de gobierno.

Bastará recordar esos antecedentes, fijar el pensamiento en la razón que nos señala predestinados a ser el centro de poderosos agrupaciones humanas, y acaso el punto de partida de la renovación del mundo; bastará dirigir la vista hacia esa alta cumbre del pasado glorioso, volverla hacia esa otra cima de los grandes destinos del porvenir, y luego mirarnos en el llano en diminuta proporción, habiendo perdido autoridad moral y gran parte de riqueza, en el desenfreno de la orgía gubernativa; bastará eso para reconocer con amargura, que en la primera centuria de vida independiente hemos fracasado ante nuestra propia conciencia, ante la historia y ante el mundo entero, defraudando el voto y las inspiraciones de los que nos dieron patria.

Ante la magnitud de este crimen, de esta fatalidad sin reparo, consumado en la época del trabajo, de la independencia, y de las múltiples conquistas del espíritu humano, cuando hombres y capitales afluían de todas partes a poblar y fecundar el país, sus causantes son más que reos de lesa patria, son todo y no son nada, porque en presencia de la enormidad del agravio, sus responsabilidades son un sarcasmo, sus protestas de regeneración, una blasfemia, y el progreso de que blasonan, una iniquidad.

El régimen ha subsistido, consolidándose al amparo de la política del acuerdo, que fue una defección a terminantes promesas reaccionarias y malogró la reivindicación a punto ya de conseguirse traicionando deberes patrióticos, en cambio de posiciones oficiales.

Nunca, pensamiento más pernicioso penetró en causa más santa; disgregó las fuerzas de la Unión Cívica, llevó a los unos a solidarizarse y coparticipar en la obra oprobiosa del pasado, e impuso a los otros, el deber de la actitud inquebrantable y digna, en que hasta el presente se mantienen, defendiendo la integridad de la causa.

Esa política, al dar patente de indemnidad a los grandes culpables, ha aumentado los males y los agravios que en 1890 provocaron la protesta del país, atacado en su honor, en sus instituciones y en el libre desenvolvimiento de sus riquezas. A todos los que entonces existieron, y que subsistiendo se han hecho más intensos, deben agregarse hoy, los que ella ha causado y los procedentes de la desaparición prematura de tantos ciudadanos austeros, que sirvieron con entereza la causa de la reparación nacional, que hoy serían la mejor esperanza de la República y un baluarte contra la corrupción que avanza.

La República ha tolerado silenciosa estos excesos,en horas de incertidumbre, ante el peligro de complicaciones internacionales, llevando la abnegación hasta el sacrificio, en homenaje a su solidaridad y con la esperanza de ver cumplida la promesa tantas veces reiterada, de una reacción espontánea, que eliminara la necesidad de una nueva conmoción revolucionaria. En el estado actual no es posible abrigar esa esperanza, sin incurrir en una error irreflexivo. El Congreso y las instituciones provinciales son las mismas. La Presidencia no ha mejorado sus títulos por el hecho de haber asumido el mando y, solidarizada, moral y materialmente con el régimen que la ha consagrado, carece de autoridad para iniciar la reacción y de medios para realizarla.

El carácter de funcionario público, representativo, no se adquiere por los programa que se formulan, sino por la legalidad integral del mandato que se inviste. Osado sería quien se presentara contrario a los anhelos, intereses y sentimientos colectivos, y total inexperiencia revelaría, si no se refiriera ellos cuando siente llegar hasta la altura de la posición usurpada, el eco de la protesta pública. En tan vanas y falaces promesas, constantemente expresadas y jamás cumplida sólo pueden creer los que, deliberadamente quieran cohonestar con ellas o los que n consideran las cosas en su realidad y esencia. De los efectos no deben esperarse sino las consecuencias de las causas de que emergen; y es funesto error, anatematizar el delito en su elaboración, y luego de consumado, acordarle sanción legal y aun justificarlo, atribuyéndole virtudes y energías benéficas.

La República no podrá olvidar que los ciudadanos que hoy dirigen sus destinos, son los mismos que, en 1893 avasallaron las cuatro provincias que habían reasumido su autonomía, ahogaron sus libertades, próximas ya a alcanzar su dominio, encarcelaron y desterraron a los más distinguidos ciudadanos del país, con lujo odioso de arbitrariedad y de vejámenes. Connaturalizados con el teatro en que han desenvuelto, no es posible esperar de ellos, severos conceptos morales y altas inspiraciones cívicas. No se efectúan en el espíritu humano cambios tan radicales, que permitan pasar del escepticismo, del descreimiento y de la corrupción política en que se ha vivido, a una acción reparadora, destinada, precisamente, a destruir el sistema de que se ha sido instrumento o servidor. La hipótesis que pueda hacerse en esa forma y por esos medios, supondría la relajación y la rendición de las fuerzas morales de la República. Pregonarlo, no es sino estimular una lucha de veleidades y de tendencias personales, encaminada a dar preponderancia, dentro del régimen, a los que suben sobre los que bajan. Esta lucha de predominios es el drama eterno de la vida de las sociedades, pero, arriba de ella, están los intereses de la República que debe hacer efectivas las responsabilidades con una concepción absoluta de justicia.

Entre el último día del oprobio y el primero del digno despertar, debe de haber una solución de continuidad, una claridad radiante, que lo anuncie al mundo y lo fije eternamente en la historia. Esperar la regeneración del país de los mismos que lo han corrompido; pensar que tan magna tarea pueda ser la obra de los gobiernos actuales de la República y de la Presidencia surgida de su seno, sería sellar ante la historia y sancionar ante el mundo, 25 años de vergüenza con una infamación, haciendo del delito un factor reparador, el medio único de redimir el presente y salvar el futuro de la Nación.

Esta tarea requiere escenario y factores nuevos, porque las acciones humanas realizadas en un medio extraño a sus móviles, resultan inocuas o contraproducentes; exige una gran cohesión moral, un sólido vínculo de civismo, el concurso de la voluntad nacional, y reclama un ambiente de justicia y de independencia de espíritu en el cual puedan desenvolverse, ampliamente, todas las capacidades, y bajo cuya influencia, hasta que sean posibles las reacciones de los hombres, por la modificación de las ideas y de los procedimientos.

Los primeros actos del nuevo gobierno evidencian la exactitud de estos juicios: el Congreso se ha clausurado, sumisamente, con injuria a las instituciones y grave daño para importantes intereses, sancionando sin estudio, un presupuesto enorme, porque así lo impuso la política presidencial, realizando un acto sin precedentes que habría sido bastante en una situación regular, para causar la crisis del Ejecutivo. Los gastos fuera de ley, forman como antes, un presupuesto extraordinario que nadie vota ni controla; los cargos públicos, se adjudican en premio de servicios electorales, sin espíritu de justicia; y las concesiones y dádivas continúan incorporadas a las prácticas administrativas. En el orden político se asiste exactamente a la reproducción de los procederes del pasado, y como obra de gobierno a la onerosa destrucción de lo existente sin beneficio alguno.

La Unión Cívica Radical, que es fuerza representativa de ideales y de aspiraciones colectivas; que combate un régimen y no hombres, no puede, pues declinar de su propósito ni arriar su bandera. Cumple las decisiones de sus autoridades directivas y responde a las exhortaciones de todos sus centros de opinión. Va a la protesta armada venciendo las naturales vacilaciones que han trabajado el espíritu de sus miembros, porque contrista e indigna, sin duda, el hecho de que un pueblo, vejado en sus más caros atributos e intensamente lesionado en su vitalidad, tenga aún que derramar su sangre para conseguir su justa y legítima reparación. Pero el sacrificio ha sido prometido a la Nación: lo reclaman su honor y su grandeza, y lo obligan la temeraria persistencia del régimen y la amenaza de su agravación. Se efectúa sin prevenciones personales, inconcebibles dentro del carácter del movimiento, y extraños a la índole moral de los que lo dirigen, con derecho a sustraerse a estas agitaciones, escudados en el antecedente de una larga y fatigosa labor cívica.

La revolución la realiza únicamente la Unión Cívica Radical, porque así lo marca su integridad y lo exige la homogeneidad de la acción; pero es por la patria y para la patria. Ese es el sentimiento que la inspira y esa es la consigna que lleva cada uno de sus soldados. En ese concepto, solicita el concurso de cuantos quieran contribuir, con su esfuerzo a la obra de la reparación. Los principios y la bandera del movimiento son los del Parque, mantenidos inmaculados, por la Unión Cívica Radical, la que bajo sus auspicios, promete a la República su rápida reorganización, en libre contienda de opinión ampliamente garantizada, a fin de que sean investidos con los cargos públicos, los ciudadanos que la soberanía nacional designe, sean quienes fueren. Los únicos que no podrán serlo, en ningún caso, son los directores del movimiento, porque así lo imponen la rectitud de sus propósitos y la austeridad de su enseñanza.

La importancia de los elementos acumulados permite abrigar la esperanza de que la prueba será lo menos sensible. La Unión Cívica Radical rechaza, en absoluto, todo daño anterior y posterior; no aceptando sino el indispensable en el momento de la acción, y eso, como deber imperioso y como el sacrificio más grande que pueda hacerse por la tierra en que se ha nacido. Lo afrontamos, íntimamente poseídos de que asistimos a la fecunda obra de reparación de la República, en toda su plenitud para encaminarse por los senderos permanentes de su grandiosos destinos.

Hipólito Yrigoyen
Presidente Honorario.

TESTAMENTO POLITICO DEL DR. ALEM

(1 DE JULIO DE 1896)

Para publicar.

He terminado mi carrera, he concluído mi misión…Para vivir estéril, inútil y deprimido, es preferible morir. ¡Sí! Que se rompa pero que no se doble.

He luchado de una manera indecible en estos últimos tiempos, pero mis fuerzas -tal vez gastadas ya- , han sido incapaces para detener la montaña…y la montaña me aplastó…!

He dado todo lo que podía dar; todo lo que humanamente se puede exigir a un hombre, y al fin mis fuerzas se han agotado…y para vivir inútil, estéril y deprimido es preferible morir!

Entrego decorosa y dignamente lo que me queda, mi última sangre, el resto de mi vida!

Los sentimientos que me han impulsado, las ideas que han alumbrado mi alma, los móviles, las causas, y los propósitos de mi acción y de mi lucha -en general- , en mi vida, son, creo, perfectamente conocidos. Si me engaño a este respecto será una desgracia que yo no podré ya sentir ni remediar.

Ahí está mi labor y mi acción desde largos años, desde muy joven, desde muy niño, luchando siempre de abajo. No es el orgullo que me dicta estas palabras ni es debilidad en estos momentos lo que me hace tomar esta resolución. Es un convencimiento profundo que se ha apoderado de mi alma en el sentido que lo enuncio en los primeros párrafos, después de haberlo pensado, meditado y reflexionado mucho, en un solemne recogimiento.

Entrego, pues, mi labor y mi memoria al juicio del pueblo, por cuya noble causa he luchado constantemente.

En estos momentos el partido popular se prepara para entrar nuevamente en acción, en bien de la patria.

Esta es mi idea, éste es mi sentimiento, ésta es mi convicción arraigada, sin ofender a nadie; yo mismo he dado el primer impulso, y sin embargo, no puedo continuar. Mis dolencias son gravísimas, necesariamente mortales.

¡Adelante los que quedan!

¡Ah! Cuánto bien ha podido hacer este partido si no hubiesen promediado ciertas causas y ciertos factores…¡No importa! Todavía puede hacerse mucho. Pertenece principalmente a las nuevas generaciones. Ellas le dieron origen y ellas sabrán consumar la obra. ¡Deben consumarla!.

LEANDRO N. ALEM

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